La ciudad como centro de actividad social, económica y administrativa surgió hace muchos siglos y la historia conserva testimonios como la antigua Nínive del imperio asirio, la Babilonia de los jardines colgantes, Atenas con su ágora filosofal y la eterna Roma que aún hoy asombra a los visitantes.
Establecido en 2013 por la Asamblea General de la ONU, el 31 de octubre se celebra el Día Mundial de las Ciudades Sostenibles, una fecha que obliga a las sociedades y a las autoridades edilicias a reflexionar sobre el manejo y el crecimiento desmesurado de las urbes.
Si bien es cierto que desde hace siglos los seres humanos comenzaron a amontonarse en enormes hormigueros llamados Londres, París, Nueva York o Buenos Aires, los tiempos actuales plantean desafíos relacionados precisamente con la sostenibilidad.
Estos retos tienen que ver con la administración, es decir el cobro de impuestos y la prestación de servicios como la salud, la educación, el control sanitario y las rutas de transporte, entre otros, y la regulación de actividades de todo tipo, desde las comerciales hasta las recreativas.
Sin embargo, para que una ciudad pueda considerarse sostenible necesita sobre todo planificación, organización y controles permanentes, lo que implica una adecuada distribución de espacios verdes, cuidado de los humedales, ríos y arroyos que la bordean o cruzan por su superficie, una cuestión que en el caso del Gran Santo Domingo arroja más de un déficit.
El caótico transporte público y el desorden del tránsito capitalino, con la contaminación que generan los vehículos de todo tipo, los vertederos improvisados, la acumulación de basura en las orillas de los principales ríos y la multiplicación de bolsones de pobreza están ahí, no se pueden negar y reclaman respuestas contundentes, que no solo tienen que venir de las autoridades, sino de toda la ciudadanía.
Una manera de celebrar este día puede ser informarse sobre las necesidades de la ciudad, acercarse a las organizaciones que trabajan por un entorno saludable, no arrojar basura a las calles, cuidar el medio ambiente, entre otras tareas, porque tener una ciudad saludable equivale a cuidar el presente y construir un futuro mejor.
