Pacheco y el código penal como ejemplos fósiles de la política

Habemus Código. Con vacíos y motivos de preocupación (sobre todo para las mujeres)
Habemus Código. Con vacíos y motivos de preocupación (sobre todo para las mujeres)

Habemus Código. Con vacíos y motivos de preocupación (sobre todo para las mujeres), sí; pero también con innovaciones como la tipificación de las carreras ilegales.

Sin embargo, lo verdaderamente novedoso fue otra cosa: la primera dama y las hijas del presidente Abinader se sumaron públicamente a un llamado para que no se promulgara la pieza. Ese gesto, lejos de ser “garata con puño”, es una señal de salud democrática: instituciones y figuras públicas que se atreven a disentir a la vista de todos. En República Dominicana necesitamos más de eso. Y conviene enmarcarlo con datos.

En la región, la confianza en las instituciones atraviesa una crisis prolongada. Latinobarómetro 2024 muestra que los partidos, el Congreso, el Poder Judicial y el propio gobierno son, en promedio regional, las instituciones con menor confianza. El apoyo a la democracia repuntó a 52%, pero la insatisfacción con su funcionamiento sigue alta (65%). Es decir, la gente quiere democracia, pero no está contenta con cómo funciona.

¿Y en República Dominicana? Estamos mejor posicionados que la media latinoamericana en varios rubros: confianza en el presidente (60%), en el gobierno (52%), en el Congreso (41%) y en el Poder Judicial (40%), además de una Junta Central Electoral relativamente bien valorada (45%). Son datos del Latinobarómetro 2024 comentados para el país. Aun así, los partidos siguen siendo el eslabón más débil (28%).

Y podríamos decir que acciones públicas como las de la primera dama y sus hijas hablan de debilidad en la cohesión de las instituciones públicas. Sin embargo, la evidencia comparada sugiere lo contrario. En democracias sólidas, los contrapesos se ejercen a la luz del día.

Durante la pandemia, en Estados Unidos, el organismo de derechos civiles del Departamento de Salud (HHS-OCR) emitió directrices para impedir la discriminación por discapacidad en la asignación de recursos escasos y obligó a varios estados a modificar sus protocolos de “crisis standards of care”. Esa confrontación pública entre agencias del propio Estado corrigió sesgos eugenésicos y salvó miles de vidas de personas con discapacidad.

La comparación regional también advierte sobre el costo de silenciar el disenso. En Nicaragua y Venezuela, calificados como “no libres”, criticar al oficialismo tiene consecuencias; en El Salvador, el estado de excepción ha deteriorado libertades y el país registra uno de los mayores retrocesos en el índice de Freedom House. ¿Resultado? Menos transparencia, menos rendición de cuentas y más miedo a hablar.

Argentina ofrece un contraste útil para responder a quienes puedan preguntar “¿no es más fácil disentir si eres familia presidencial?”. Allí, el presidente Milei intentó gobernar por mega-decreto; el Senado lo rechazó y forzó una negociación por una ley más acotada. Es decir, cuando los contrapesos funcionan, hasta el liderazgo más confrontativo debe recalibrar. En RD, que el disenso parta de la primera dama y sus hijas no lo deslegitima; al contrario, eleva el estándar para que cualquier funcionario, cercano o no, pueda ejercer su rol sin temor.

Ahora bien, sobre la relevancia de disentir, Mario Riorda, referente regional en comunicación de gobierno, sostiene que la comunicación pública debe generar consenso, no unanimidad, y que las acciones visibles en la escena pública tienen más resonancia… y también más riesgo. Precisamente por eso importan: porque legitiman decisiones y corrigen rumbos a tiempo. Gobernar bien exige comunicar bien y debatir a la vista de todos, con ejemplos como los vividos en el marco del Código Penal.

Volvamos a casa. Los datos indican que la ciudadanía dominicana confía más en el presidente y en el gobierno que el promedio regional, pero sigue desconfiando de los partidos. Esa brecha no se cierra con rosas blancas ni con regaños para que “todo se hable en privado”.

En ese marco, el reproche de Pacheco a la primera dama y a sus hijas luce anacrónico. La política de “disimulo y sigilo” es propia de partidos que no han entendido la época. Si algo muestran los barómetros regionales es que la gente no quiere unanimidades impostadas; quiere instituciones que se controlen entre sí y que expliquen, con datos y razones, por qué hacen lo que hacen. El disenso responsable no debilita: vacuna a la democracia contra sus tentaciones autoritarias. Y en eso, el pequeño paso de la familia presidencial, guste o no, fue en la dirección correcta.

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