El BID posa su mirada en la inversión privada para mitigar efectos del cambio climático

Latinoamérica y el Caribe se mantienen en crecimiento, con buenas expectativas por los niveles de democracia, estabilidad política y económica alcanzados por la mayoría de sus naciones, que a su vez disponen de una importante reserva de recursos estratégicos y capital humano que impulsa los cambios favorables que reflejan estas regiones.

Las expectativas lucen favorables. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) reafirma su interés de continuar apoyando financiera y técnicamente esta importante zona geográfica, en áreas y temas que impulsan la sostenibilidad y la economía circular, necesarias ante los retos impuestos por el cambio climático y la oportunidad que ofrece para el desarrollo de las comunidades locales, lo cual las haría más resilientes ante los fenómenos de cualquier naturaleza.

El citado organismo anunció recientemente la iniciativa ReInvest+s, con el objetivo de “atraer capital privado a América Latina para crear un fondo de aproximadamente US$500,000 millones en préstamos locales regionales en activos globales con grado de inversión. Este proyecto es gestionado mediante una alianza entre el BID y la presidencia brasileña de la COP30”, esta última es el mecanismo de las Naciones Unidas sobre el cambio climático.

¿Pero cual es la novedad de esta iniciativa del BID? Su interés en atraer capital privado de inversionistas globales para impulsar proyectos de adaptación y mitigación climática en países que tienen una necesidad inminente de revertir los efectos del cambio climático, ante las limitaciones de recursos que tienen los estados para canalizarlos a través del sector público.

El BID prioriza los estados insulares, por lo vulnerables que son a los efectos del cambio climático y las limitaciones en todos los sentidos que tienen para crear, promover y poner en marcha programas de adaptabilidad climática que sean sostenibles en el tiempo.

La República Dominicana está en la inminente necesidad de aprovechar una coyuntura como esta, para gestionar el financiamiento de proyectos para limitar el impacto negativo del sargazo, que le permitiría convertir en una oportunidad un problema económico, social y medioambiental, cuya relevancia va ganando espacio en la región porque en mayor o menor medida todas las costas de los países insulares del Caribe son afectadas, cada cual aborda la problemática según sus posibilidades técnicas y financieras, pero que por su complejidad requieren de una importante inversión. Se necesitan estrategias e iniciativas regionales mancomunadas, que nuestro país podría liderar.

De igual manera, es preciso gestionar más apoyo e inversión para proyectos de energía renovable, que se sumarían a los que el BID respalda en nuestro país, aprovechando sus condiciones excepcionales de viento y sol durante todo el año. Las debilidades del sistema eléctrico nacional, en mayor medida dependiente de combustibles fósiles, se deben ir subsanando hasta quedar en niveles manejables para una nación cuya economía se fundamenta en el turismo, la inversión extranjera y se promueve en diferentes áreas de interés económico y comercial como el primer hub regional.

Valga decir que, la iniciativa ReInvest+s se sustenta en cuatro ejes, según el BID: comienza con préstamos consolidados, de proyectos aprobados y en ejecución que están en balances de bancos locales; convierte los préstamos en títulos con grado de inversión, con seguros de cartera para riesgos políticos y cambiarios; recicla capital mediante condicionalidad, los préstamos solo se compran si los bancos se comprometen a reinvertir los ingresos en los planes nacionales de desarrollo y los objetivos climáticos, enfoque que me parece acertado, porque crea un compromiso con el medioambiente y la sostenibilidad de capital; y empodera a los bancos locales para invertir, privilegiando a los que ya tienen cercanía con los proyectos de este mecanismo regional.

El BID se mantiene aportando inversión, además de gestionar las donaciones que hacen posible la concreción de proyectos visibles que revitalizan áreas estratégicas como el turismo, salud, educación y la infraestructura con la recuperación de espacios y monumentos, como el caso de las transformaciones que evidencia la Zona Colonial, además de apoyar programas que fomentan la energía limpia y otros temas prioritarios en las comunidades locales. Esta coyuntura es idónea y la República Dominicana debe crear las condiciones para aprovecharla.

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