Ellos y nosotros

“Primero vinieron a buscar a los comunistas, y no dije nada porque yo no era comunista. Luego, vinieron por los socialistas, y no dije nada porque yo no era socialista. Luego vinieron por los sindicalistas, y no dije nada porque yo no era sindicalista. Luego vinieron por los judíos, y no dije nada porque yo no era judío. Luego vinieron por mí, y para entonces ya no quedaba nadie que dijera nada por mí”. El pasaje corresponde a un poema del alemán Martin Niemöller y representa una sabia reflexión de la indiferencia asumida ante los problemas extraños, mientras no nos atañen. Habla del egoísmo, si la tragedia no toca a nuestra puerta y de lo lejano de una experiencia, en la medida que no se sea parte de ella.

Y es que, como decía Alberto Cortés, somos los demás de los demás y en la cápsula que decidimos habitar no se lucha por la causa de otros, sin saber en qué momento podría cambiarse de lugar, de espectador a protagonista, en esa historia a la que creíamos no pertenecer porque se prefiriere permanecer en una burbuja para que nada nos inmute. Entonces, no habrá quien nos defienda porque esa misma apatía se devolverá en nuestra contra como un boomerang.

Lamentamos las noticias de accidentes automovilísticos para dar luego vuelta a la página, hasta que alguien cercano ha estado involucrado; repudiamos la corrupción, la injusticia y el tráfico de influencias como algo remoto que solo sucede en las altas esferas, pero en determinado momento llega a afectarnos en nuestro pequeño cosmos; oímos las discusiones de las leyes y pensamos que son cosas de abogados, como si nunca fuera a tocarnos ser actores o víctimas; empatizamos con los que sufren desde las gradas procurando no tener que bajar al escenario. Repudiamos la violencia en todas sus manifestaciones y nuestra propia indiferencia sirve para que se mantenga, se propague y no llegue a desaparecer.

Creemos que la etapa de la ancianidad está distante, sin embargo, se va acercando cada vez más hacia nosotros -si es que tenemos la bendición de no irnos antes- porque ya somos esos viejos de antaño de quienes nos burlábamos.
Criticamos las actuaciones de ciertos grupos para luego pasar a integrarlos, porque los problemas son tales, mientras no nos ocurran y cuando suceden, los convertiremos en justificaciones. Evidentemente, como en su momento expresó Unamuno y enfatizó Ortega y Gasset, en una época en que el individualismo no estaba aún tan arraigado como ahora, “cada uno es cada uno y tiene sus cadaunadas” y a eso se agregaría, que no hay batalla más distante, que la ajena.

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