La clase media es combativa, analítica y sufrida porque, como puede ser identificada por sus empleos y empresas formales, es presa fácil para que el gobierno de turno le aplique ajustes económicos cuando hubiera la necesidad de recaudaciones. A esa casta de linaje difuso ubicada justo en la mitad, entre los no tan pudientes ni tan miserables, no es necesario salirla a buscar, por encontrarse en el personal asalariado, en los gerentes de sociedades y en los profesionales liberales que declaran sus tributos con la misma puntualidad con que sale el sol.
No pertenecen a la alta, tan ricos para ser los privilegiados que influyen en las decisiones nacionales trascendentes o participan en los proyectos con sus aportes significativos, ni a la baja, tan pobres que merezcan ayuda oficial o subsidios para subsistir. Sin embargo -y quizá precisamente por eso- son los que gozan de mayor libertad para no tener miedo a protestar y hacer valer su voz cuando las explicaciones son insuficientes, la justicia no responde en tiempo oportuno o los funcionarios -colocados por el voto consciente de ellos mismos- no cumplen con lo prometido.
Como es el grupo que paga y sostiene el sistema, se siente con derecho -ganado a fuerza de los descuentos a su salario y beneficios- de protestar y de exigir por aquello que se hace y lo que no, por los excesos y las carencias, por el despilfarro y la desidia. Es la porción dominante de la población y la más numerosa, pero también la más olvidada, que no se conforma con medias verdades, pretextos baladíes o historias incompletas, debido a que detecta la trampa al vuelo porque ha pasado por las universidades donde ha desarrollado el sentido crítico para discernir entre la mentira de la propaganda y la realidad de los hechos.
A esa franja de habitantes no se les puede mostrar un panorama ficticio de maravillas que no resisten el montaje de la demagogia porque es usuaria constante de los servicios, públicos o privados, que pudieran querer exagerarse para quedar mejor. Es precisamente ese ciudadano el que se desahoga en las redes ante la impotencia de sostener un engranaje que funciona gracias a él.
Es el segmento que representa una considerable proporción que ya no se oculta y no se conforma porque todo lo cuestiona, con razón o sin ella; que repudia la corrupción y se mantiene vigilante para reaccionar sin dilación ante cualquier desvarío. Esa es la clase social mayoritaria que, mientras cubre con sus recursos su propia seguridad, salud y educación, a la vez, es la responsable de que con sus impuestos se sostengan las necesidades del resto.
