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En la pasada semana salió a la luz pública un estudio realizado por el Centro de Desarrollo Global y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en el cual se hace una evaluación sobre la situación de las empresas en el continente y se establece que “muchas empresas de América Latina sobrevivieron la pandemia recortando la inversión, pero que esa reducción amenaza ahora con limitar la recuperación económica de la región”.

Como una de las principales conclusiones de dicho estudio, el Centro de Desarrollo Global y el BID le formulan un llamado a los gobiernos de la región para que lleven a la práctica una serie de medidas de política económica “que ayuden a las empresas a impulsar la inversión y contratar nuevos empleados”. Todo eso con la finalidad de revertir la situación de crisis post pandemia y “evitar que lleve a una especie de “covid económico de larga duración”, donde un sector privado débil no consigue crear puestos de trabajo ni estimular el crecimiento económico”.

Cuando esos organismos internacionales hablan de un “covid económico de larga duración” están siendo sinceros sobre lo que ensombrece el panorama económico en la actualidad, de cara al futuro inmediato. Con un sector productivo privado débil, es casi imposible lograr una rápida y efectiva recuperación que conlleve una amplia creación de nuevos empleos y un crecimiento económico sostenido. En la actualidad, la crisis económica generada por la pandemia y los efectos de la actual guerra Rusia-Ucrania, lleva a que nuestras economías se vean en situaciones muy difíciles, por lo que los gobernantes deben tener visión y eficacia en el impulso de políticas de protección a los productores nacionales y de un amplio apoyo a todos los sectores que producen riquezas y alimentos.

La mayor parte de las pymes, es decir las empresas pequeñas, medianas y micros, sufrieron duramente durante la pandemia y los efectos posteriores han sido devastadores. De acuerdo al estudio citado, hoy día los niveles de capital de las pymes sigue siendo un 20% más bajo que antes de la pandemia. Esto quiere decir que las pymes que lograron la proeza de superar la pandemia, hoy en día son una quinta parte menor en su capacidad de hace tan solo dos años atrás.

Y ante esa dura realidad, las pymes tienen un gran reto para poder recuperar ese capital perdido. Pero las subidas de tasas de interés se convierten en un escollo difícil, pues con esas medidas tomadas por los bancos centrales para enfrentar los efectos de la gran escalada inflacionaria, el dinero se pone más costoso y el financiamiento para poder reinvertir, se torna casi imposible de conseguir. A eso se une que muchas de esas pymes están endeudadas desde antes de la pandemia, y con estas subidas de tasas, se elevan también los niveles de pago de sus préstamos vigentes.

Las pymes en el mundo, y muy especialmente en nuestro país, están pasando el Niágara en bicicleta. La crisis de la pandemia las llevó prácticamente a la quiebra. La ausencia de programas de apoyo directo por parte de los gobiernos, ha provocado que las que aún subsisten, estén viviendo un acelerado proceso de reducción del personal, de aumento de los pagos de sus compromisos bancarios y una amplia reducción de sus ingresos.

Al tratar ese aspecto, el informe del BID afirma de forma tajante que “las pequeñas empresas, que a menudo tienen un acceso limitado al crédito, fueron las más castigadas por la crisis”. Y como las pymes fueron el sector productivo menos protegido durante la pandemia, han sido ellas quienes se enfrentan a más problemas financieros y son más propensas a retrasarse en los pagos de la deuda. Eso ha llevado a que una parte importante de las pymes del continente y de nuestra nación, hayan caído en la quiebra y, por vía de consecuencia, se haya dado un gran aumento del sector informal de la economía. En la República Dominicana las pymes están siendo afectadas duramente por ese “covid económico “de que habla el BID. El gobierno dominicano debe enfrentarlo urgentemente con un plan especial de ayuda y rescate de las miles de pymes que forman parte del entramado productivo nacional. El aumento de la tarifa eléctrica, la descapitalización post-pandemia, la reducción de personal, la necesidad de invertir para readecuarse a las nuevas tecnologías, las limitaciones para obtener nuevos financiamientos y la subida de interés de sus préstamos actuales, son graves escollos que colocan a las pymes dominicanas en el doloroso camino de la quiebra y la desaparición.

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