A una librería acuden múltiples personajes, tan variados como los que crean los escritores: La ama de casa que elige las novelas románticas para flotar en ese ideal que la aleja de la rutina; el joven emprendedor que persigue encontrar el secreto del éxito en el testimonio de otros que lo han logrado; el incomprendido que busca la explicación de los fenómenos del mundo en las obras filosóficas, el curioso que se sumerge en las historias de grandes acontecimientos; el que no teme seleccionar los libros de autoayuda para comprender sus carencias existenciales; el devoto para quien la biblia no basta, el jurista que debe actualizarse y aspira a nuevas estrategias para sus casos ; el aficionado a la mecánica para aprender técnicas de su oficio o la que no se resiste a un libro de cocina para realizar inventos culinarios, el que le gusta viajar y desea conocer nuevos destinos…
A propósito de la Feria regional del libro celebrada recientemente, nada revela más certeramente la personalidad de un lector que su obra predilecta: si tiene inclinaciones esotéricas, si le gusta la ciencia ficción por la fantasía de su contenido, si es fanático de un autor determinado y compra sus obras sin mayor reparo, si prefiere libros cortos que no le sustraigan mucho tiempo o largos porque desea justo lo contrario, si vio la película y le interesa contrastarla con el texto que la inspiró o si las tramas de misterio le atrapan hasta el último párrafo. Hay tantos motivos para adquirir un libro, como cabezas distintas existen en el planeta, porque para el gusto se hicieron los colores y para los libros, las aficiones.
Entre los relatos de la obra puede navegar la imaginación de cómo se concibieron los protagonistas, las respuestas a muchas incógnitas, el pensamiento de otro puesto en blanco y negro, mientras se transita entre sus páginas sin tener que poner un pie fuera de la casa. La lectura es una comunión en solitario que puede moldear el carácter, observar el mundo con el cristal del autor y percibirlo de una manera distinta, disfrutándolo de principio a fin, como una pasión personal que desde los primeros pasajes enriquece y abstrae a la vez, cautiva con su trama, seduce con sus descripciones, atrapa y no suelta para dejar una huella indeleble en la memoria, como el buen amigo al que se puede volver cada vez y que no reprocha la tardanza.
