La oposición frente al reto del 2028

Reconocer la realidad necesariamente no significa compartirla. He dicho y sostengo que una oposición dividida en dos grandes fuerzas políticas aparentemente irreconciliables, no tiene posibilidad en las elecciones de mayo de 2028. Menos frente a un gobierno y un partido unificados, conscientes de los riesgos de perder el poder que detentan desde agosto del 2020.

Reconocer esa realidad tampoco implica un endoso al oficialismo. También entiendo, como lo advertí en el proceso electoral del 2024, que una oposición fragmentada por factores que dificultan la reunificación correría idéntica experiencia si vuelve a jugar a una segunda vuelta. La razón es que el gobierno y el partido oficial se la jugarían todo, como en la vez anterior en primera vuelta. Lo harían así, conscientes de que en el balotaje las posibilidades reunificación opositora podrían ser posibles.

Y como muestra vale un botón, la posibilidad de un conflicto interno por la candidatura presidencial, como ya podría deducirse de las quejas de un aspirante y la segura candidatura del líder de la Fuerza del Pueblo, de hecho ya casi oficial, agravarían tempranamente la tarea unificadora.

Además, si aspiran volver al poder, los partidos de oposición tendrán que renovarse. Las experiencias de las dos últimas elecciones presidenciales los obligan a ser los más juiciosos posibles en la selección de sus candidatos, sea que concurran individualmente o no a la primera ronda de votación. Depositar esperanzas en segunda vuelta podría equivaler a esperar hasta el 20.

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