El Plan Anticrisis presentado por el Gobierno para encarar la situación derivada de un entorno internacional incierto por la continuación de la guerra entre Rusia y Ucrania y la que escenifican Estados Unidos e Irán en el Estrecho de Ormuz, amerita una discusión sería de todas las fuerzas vivas de la nación. El país demanda un compromiso despojado de prejuicios partidarios por toda la clase política dominicana.
Hay momentos en que las influencias negativas de una crisis internacional exigen un acuerdo de la comunidad política nacional. Y este es uno de esos momentos. El país reclama decisiones adultas, no emotivas, de su liderazgo político, empresarial, sindical e intelectual.
La sociedad dominicana así lo sin exclusión. El pretexto de ignorar esa responsabilidad bajo el argumento de que de todas maneras sería aprobado por la mayoría oficialista en el Congreso, es inaceptable. Aun en el caso de que las medidas sean insuficientes no justificaría eludir la responsabilidad de sentarse a la mesa de discusión en la búsqueda de un consenso que hoy parece más necesario que nunca. Esa discusión podría enriquecer el plan y sentar las bases de un compromiso histórico.
Ningún argumento justificaría descartarlo solo por tratarse de una perspectiva partidaria. Bajo esa pobre perspectiva se perdería la oportunidad de ensanchar su visión y convertirlo en un gran acuerdo nacional.
El paquete de medidas anunciado por el gobierno busca preservar la estabilidad macroeconómica, sostener la inversión pública y mitigar el impacto en las familias, especialmente en los sectores más vulnerables, sin cargar el esfuerzo sobre quienes menos tienen”, ha dicho el Gobierno.
Históricamente, la oposición ha apostado aquí al fracaso del gobierno. Tal vez eso explique la razón que nos impide liberarnos de la guerra civil que carga como un ADN la política nacional.
