Luis Córdova
Especial para elCaribe
El discurso industrial suele ser árido, poblado de cifras de exportación, toneladas métricas y porcentajes de crecimiento que, aunque necesarios, a veces olvidan el alma del acero. Sin embargo, durante la inauguración de la nueva planta del Grupo Estrella, EcoAcero, Pedro Estrella Tavares, quien la encabeza como CEO, pronunció una idea que insufló el orgullo nacional de los asistentes: que un consorcio dominicano pueda convertirse en “la ferretería del Caribe”.
La metáfora es contundente, redibuja nuestra posición en el mapa regional y define la visión de este proyecto como el mostrador principal donde la región viene a buscar los insumos para su propio crecimiento: cementos, laminados, paneles, varillas, entre otros.
Pero también exhibe, detrás de estos productos, el verdadero insumo de su crecimiento: la perseverancia, la fiel encomienda al trabajo digno, el apego a la visión y la sabia construcción y dirección de un equipo, tarea realizada por su fundador, el ingeniero Manuel Estrella.
EcoAcero es la respuesta a una demanda de autonomía. En un mundo donde las cadenas de suministro crujen ante cualquier eventualidad geopolítica, tener la capacidad de producir acero de calidad, bajo procesos sostenibles y con visión de exportación, nos otorga una ventaja estratégica. No despachan varillas; despachan certidumbre.
El presidente de la República, Luis Abinader, fue a Villa Gautier y apretó el botón de inicio de operaciones formal de una moderna planta industrial desarrollada en 20 meses con una inversión de 200 millones de dólares y una capacidad de producción de 400,000 toneladas anuales, que fortalecerán el abastecimiento del mercado regional y contribuirán al desarrollo del sector construcción.
La visión del ingeniero Estrella, como le decimos los santiagueros, conecta con esa vocación dominicana de ser el hub logístico que tanto hemos pregonado. Pero el acero le pone peso y sustancia a esa aspiración. Ser la ferretería de la región significa que cuando en las Antillas o mucho más allá, se piense en levantar un hospital, un puente o una vivienda, el material de base llevará el sello de nuestra tierra.
Este crecimiento de la industria metalúrgica local es, además, un ejercicio de fe en lo nuestro. Apostar a plantas de esta envergadura es entender que el desarrollo dominicano no puede depender exclusivamente de los servicios o del turismo. Necesitamos la solidez del metal, la chispa de la fundición y la inteligencia de una manufactura que se atreve a competir fuera de nuestras fronteras.
Lograrlo implica consolidar una soberanía constructiva que reduzca la dependencia de insumos críticos, aprovechar nuestra posición logística y, sobre todo, sostener la confianza necesaria para que inversiones de esta magnitud continúen apostando por el país.
Pedro Estrella Tavares, en un discurso hermosamente preciso, condensó en una metáfora las décadas de apuestas al desarrollo nacional y el valor de un visionario como su padre, quien en su turno repitió y resaltó la frase que titula este texto. Por mucho tiempo exportamos paisaje, clima y hospitalidad. Ahora comenzamos también a exportar capacidad, industria y confianza. Tal vez por eso la idea de convertirnos en la ‘ferretería del Caribe’ trasciende el acero y las varillas: habla de un país que intenta dejar de ser solamente consumidor de futuro para empezar, finalmente, a fabricarlo.
