La identidad dominicana

No deseamos cometer el error de usurpar e irrespetar la labor de personas que han dedicado su vida a la apreciable labor de estudiar y analizar nuestra historia. Sin embargo, deseamos hacer unos comentarios sobre nuestra realidad, que necesariamente rozan la narrativa histórica, pues esta trata de hechos. Al analizar los hechos debemos valorar sus consecuencias a largo plazo. Para ello, debemos ser menos platónicos, evitando discutir las ideas en un plano abstracto, y ser más aristotélicos, llevando las ideas al plano de lo práctico.

Una distinguida intelectual ha argumentado que al definir nuestra identidad valoramos lo hispano y menospreciamos nuestra herencia africana, causa de nuestra discriminación hacia los haitianos. Coincido en que debemos valorar todos los aportes culturales a nuestra identidad. De hecho, debemos sentirnos orgullosos de la mezcla racial que constituye la identidad de los dominicanos, que mayoritariamente somos mulatos, a diferencia de nuestros vecinos que limitaron el papel de los blancos en su sociedad, negándoles el derecho a la nacionalidad y a la propiedad, hasta que los norteamericanos los obligaron a cambiar, en la Constitución de 1918.

Además, los dominicanos debemos sentirnos orgullosos de nuestra identidad basada en una mezcla de razas frente a nuestros amigos norteamericanos, que si bien han hecho un enorme esfuerzo para vencer las divisiones raciales resultado de una dura esclavitud, no han logrado resolver dichos problemas plenamente. De hecho, enfrentamos un serio problema cultural, pues los hijos de nuestra diáspora juzgan nuestra sociedad en base a sus experiencias en el alto Manhattan o en el Bronx. Siendo así, los académicos de raíces dominicanas de la Universidad de la ciudad de NY nos califican de alienados, porque no aceptamos nuestra negritud, pues culturalmente no admiten matices raciales.

Tomemos nuestra herencia hispana. Nuestro vecinos se dividieron racial, lingüística y religiosamente. Siendo así, mientras la minoría mulata profesaba el catolicismo y valoraba el idioma y la cultura francesa, la mayoría de la población, desarrolló el creole haitiano, un idioma limitado a su propia población. Contrariamente, gracias a nuestra herencia hispánica, compartimos con más de 500 millones de personas el idioma español, el tercero utilizado en la Red, en un mundo moderno impulsado por la tecnología de la información. Tomemos la religión. La misa católica, que está ligada a la anglicana, copta, luterana, maronita, presbiteriana y la ortodoxa rusa, griega, y oriental, entre otras, es un rito lleno de simbología poética, que dejó atrás los primitivos sacrificios de sangre. Para concluir, los dominicanos debemos valorar nuestra identidad, resultado de una historia que en ocasiones fue azarosa, pero que nosotros superamos, creando un producto cultural superior, basado en el mestizaje, el español, y el cristianismo.
Dicho esto, tenemos que luchar para que nuestra sociedad sea cada día más tolerante e inclusiva, pues estamos muy lejos de ser perfectos.

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