“Olore, bajo y petes” entre dominicanos

Aunque el término no es criollo, forma parte del folklore olfativo de nuestra gente: el sicote, potente mal olor en los pies, causado por la excesiva transpiración que médicamente se denomina “pie de atleta”. Ayudado quizás por el clásico zapato tenis, cuya combinación de lona y goma sirve de “atrapa bajo” o de “guarda pete”, que potencia el insoportable “bajo”. En “lo tiempo de ante” se recurría al ácido bórico, adquirido en botica, donde se expendía en sobrecitos hechos de papel periódico sin imprimir. En la fase temprana del proceso de putrefacción de la carne se genera un “tufito” clásico que hace que la gente diga, “esa carne ta manía”. En ocasiones los “super” exponen carnes con esas características, disimuladas con una fuerte carga de condimentos y “listas” para el bar-b-q....Olor característico de mataderos y donde ha ocurrido una tragedia es el “olor a sangre”. El “bajo a medicina”, propio de presencia de medicamentos. Su hermano, el “bajo a hopital”, propio de desinfectantes fuertes “meturao” con éteres volátiles característicos de centros médicos. El olor a “guayaba podría” es propio del tiempo de la carnosa fruta de inconfundible aroma, que inmortalizó García Márquez. El “tufo”, propio de la bebida, se confunde con el olor a nísperos maduros, cuando la gran cantidad de azúcar de la fruta, fermenta produciendo alcohol. Los de “olfato agudo” detectan el tipo de bebida ingerido solo con el aliento. El “malaliento” conocido clínicamente como halitosis, “bajo a boca”, dolencia de causas, es de los más frecuentes elementos de rechazo. Es común escuchar: “a ese le hiede la boca a ’letrina”. A los nacionales del país de oeste, que por lo general laboran en ocupaciones de copiosa sudoración, les “sale” un “rechín” característico, resistente al jabón de cuaba y a recursos varios de la higiene personal. El ama de casa neutraliza el olor a “mocato” y otros aromas hogareños, modernamente con “mitolín” lo que antes hacía con “creolina”. El “bajo a pecao”, característico de los habitantes del agua, define que hay “marico” en la cocina y si se trata de arenque, aún más. El bacalao, con su aroma propio de pescado salado, comida de pobres en el pasado, hoy con precio de ricos. El “bajo’a peo”, mal olor similar a los compuestos de azufre y al “huevo podrío” y “huevo güero”, propio de ventosidades, denota vulgaridad, irrespeto y pobre educación, siendo motivo de rechazo, más aún si se tratase de una dama. La “sobrehervida” produce leche “ajumá” al igual que el arroz cocido con “mucha candela” lo que genera olores y sabores característicos. El “olor a cuaba” de la cocina de otras épocas, recurso para prender carbón y leña, con aroma a resina de pino y generadora de negro hollín. El “bajo a gá” de la iluminación de antaño y recurso común de hornos, estufas y “jumiadoras”. Pichón de burro, fue un “loco urbano” del Santo Domingo de los 50-60tas y le “bociaban”: “...jediondo a gá...”

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