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Sólo en un país en el que alias Mantequilla se convierte en un gran fenómeno de opinión pública, y no en el objeto de una discreta investigación policial de provincia, puede verse que un tres veces presidente de la República incluya en su estrategia electorera tomar como punta de lanza el sagrado tema de la educación. El pasado, que lidera ese expresidente y eterno aspirante, ha bajado a sus cajas de resonancia o bocinas poner en práctica una matriz comunicacional para atacar al Gobierno por el flanco de la educación.

Sin pararle a los contratiempos ocasionados por los efectos de la pandemia de coronavirus, que paralizó o semiparalizó al sector en gran parte de 2020 y 2021, esas bocinas atacan las deficiencias educativas en los dos años de gestión del actual gobierno obviando que esas deficiencias forman parte de los muchos males estructurales que han afectado a nuestro país durante muchos años, incluyendo las dos décadas perdidas que el pasado estuvo en el poder entre 1996 y 2020.

Que pongan a sus comunicadores a hacer opinión pública con el descalabro del sistema educativo, como el dejado por ellos también en salud y seguridad social, seguridad ciudadana, organización del tránsito, medio ambiente, agua potable y corriente, para consumo humano y trabajo, deficiencia y corrupción gubernamental, producción agropecuaria, falta de institucionalidad, vulnerabilidad económica, etc., es de una desfachatez sin nombre.

Aquí la gente oyó hablar de las pruebas Pisa, o se enteró de que el Banco Mundial incluía la educación preuniversitaria entre sus evaluaciones sociales, cuando en los gobiernos del PLD, empezó República Dominicana a sonar entre los países peor ubicados en calidad de la educación.

La educación es un proceso que se transforma y resuelve a mediano y largo plazos, de ahí que sus planificadores hablen de planes decenales. Los 20 años que estuvo el pasado en el Gobierno fueron una oportunidad perdida, porque precisamente en el área educativa lo dejaron no sólo todo por hacer y más complicado, pese a que hoy el país dispone de un financiamiento que ha debido servir para impulsar su calidad.

El pasado ha demostrado y demuestra cada día que no le importa la realidad de los hechos, pues su falso mesías siempre ha pertenecido a la escuela política que manda mentir, mentir, que algo queda.

La pena es que comunicadores se dejen usar en esas vueltas, cuando el ejercicio de su profesión u oficio debe acreditarlos en postulados identificados con la verdad u objetividad de los hechos.

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