Autonomía

El empresariado dominicano atraviesa una crisis al dejarse arropar por la política. Es inaceptable que el sector productivo real, aquel que sostiene empleos, rinda pleitesía al poder político por temor. En una democracia sana, el orden es inverso, el político administra bajo la lupa de quienes producen. Esta sumisión permite que se satanice el sistema fiscal; el problema no son los empresarios, sino la incapacidad política para usar los impuestos con transparencia. Hemos perdido la separación de poderes y el respeto mutuo que imperaba en épocas pasadas. Si el capital sigue arrodillado ante el despacho de turno, la nación seguirá hipotecada a la voluntad política y no al rigor del trabajo.

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