La historia dominicana repite que en 1965 desembarcaron 40,000 marines norteamericanos, una cifra que la lógica logística desmiente seis décadas después. Un contingente de tal magnitud habría sido imposible de alojar o abastecer en un país sin infraestructura en San Isidro o Haina para sostener a tantos hombres y equipos. Del mismo modo, el movimiento constitucionalista alcanzó su grandeza por su estatura moral y política, no por una superioridad numérica militar que no poseía. Revisar estas cifras no disminuye el sacrificio de nuestros héroes, al contrario, otorga dignidad a la verdad histórica. Separar la épica de la realidad es el único camino para comprender nuestra verdadera dimensión como nación.
