La renuncia de monseñor Ozoria al cumplir setenta y cinco años responde a las disposiciones de la Iglesia católica para los obispos diocesanos. Su despedida estuvo acompañada de una celebración eucarística de agradecimiento a Dios por su trayectoria sacerdotal. Más allá del relevo en el arzobispado de Santo Domingo, su salida invita a reflexionar sobre el significado de la vocación y la responsabilidad del ministerio religioso. Cumplir una etapa no significa abandonar la misión pastoral, sino asumirla desde otra posición. Como obispo emérito, podrá seguir contribuyendo a la Iglesia, demostrando que el verdadero valor del servicio reside en la entrega, la fe y el compromiso con los demás.
