Los problemas eternos

Parece que el país está condenado a convivir con problemas que cambian de nombre, pero no de fondo. La electricidad sigue provocando debates sobre tarifas, subsidios, pérdidas y modelos de gestión. Haití continúa siendo un desafío permanente, mientras cada gobierno promete respuestas que nunca terminan de resolverlo. Y cada agosto y septiembre reaparece la discusión sobre aulas, útiles y costos escolares para las familias. El problema no es solamente que existan dificultades, lo preocupante es que llevamos décadas diagnosticándolas sin construir soluciones sostenibles. Un país no puede avanzar si sus principales urgencias se convierten en tradiciones.

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