Siempre es positivo recordar que existe una situación estructural entre los medios de comunicación y el poder político, marcada por la dependencia económica de la publicidad estatal. Esta relación limita la capacidad crítica de la prensa, que actúa con cautela para no incomodar a los gobiernos de turno. No es un fenómeno exclusivo de una administración, sino una práctica histórica local y global que convierte el presupuesto público en un mecanismo de influencia sobre la línea editorial. Por eso, la autocensura se vuelve una herramienta de supervivencia, los medios evitan confrontaciones directas porque su sostenibilidad depende de mantener una buena relación con el Gobierno de turno.
