Un extraño Día de Reyes, cimarrón

La tradición de los Reyes Magos, se va perdiendo de manera inequívoca. El Estado, sin proponérselo, le da estocadas mortales al moverlo de fecha, para producir fines de semanas de 3 días, como estímulo a la haraganería y en contra de la necesaria productividad. Iniciativa política que busca alargar las fiestas en un mes que le sobran días de asueto. La Epifanía (manifestación divina) de los Reyes Magos, fiesta cristiana del 6 de enero, corresponde a la “presentación de Jesús al pueblo pagano”. La Biblia (Mateo 2) no menciona nombres ni número y la tendencia es referirse a ellos como “sabios”. Los católicos entienden que sus restos se conservan en la Catedral de Colonia, en Alemania. En el folklore dominicano son tres los Reyes: Melchor, Gaspar y Baltazar, que la noche del 5 de enero, traen regalos, en especial juguetes, a los niños que se portaron bien en el año y carbón y pupú de caballo, a los de mal comportamiento. Conlleva la capacidad de hacerse pequeñitos para entrar por debajo de las puertas de las casas, siendo super silenciosos. Por su parte los niños les dejan ron y en otras épocas también cigarrillos. Yerba y agua, para los camellos. En el cielo se ven 3 estrellas del Círculo de Orión que los representan: Alnitak, Alnilan y Mintaka. Por su parte La Vieja Belén, similar a la Strega Befana italiana, viene el domingo siguiente a ese Día de Reyes, trayendo regalos para los olvidados, excelente ocasión para los padrinos cumplir con sus ahijados. El folklorista Fradique Lizardo atribuye lo de la Vieja Belén criolla, a una tradición nacida en el San Pedro de Macorís del siglo antes pasado, iniciado por Firo Lamarche, reconocido líder obrero de contacto permanente con la pobreza y continuador de un reparto que su madre hacía para niños pobres. Los místicos indican que señales extrañas indican acontecimientos mayores que combinada con nuestra naturaleza dominicana, que todo lo trastoca, vemos que, si la Vieja Belén llega primero que los reyes, hay una contradicción extraordinaria con lo tradicional. Algún legislador agudo, debería motivarse a revisar el estamento legal que induce a la trasmutación de fechas, en este caso religiosa, al mover el día de Reyes (teóricamente) para el día 10 de enero (lunes), ocasionando dos celebraciones en el año, para beneficio único de los comerciantes de juguetes. Estoy convencido que el Día de Reyes no es solamente para infantes y abarca una población que sigue, a pesar de su marcada adultez, creyendo en ellos. En mi carta pido Esperanzas: de un país donde la alegría del merengue sea armónica con la justicia social; de paz y menos violencias; de educación eficaz; de funcionarios que llenen expectativas; de justicia sana, de honestidad pública y privada. Que en ese vuelo del alma demos realidad a los sueños trasnochados de un país mejor, repleto de oportunidades y que dejemos de ser una tierra rica, llena de gente pobre.

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