Vacunación como condición para volver a la escuela

La semana que acaba de terminar ha sido crucial para la definición de lo que ha de pasar con el tramo final del presente año escolar, pues mientras el sector empresarial educacional ha hecho todo tipo de presiones para lograr que el ministerio de Educación autorice la vuelta a la clase presencial, los maestros, que por su edad estarían en la primera línea de riesgos de contagios, agravamientos y muertes, han dicho claramente, a través de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP), que no volverán a las aulas hasta que no estén dadas las condiciones. Y esas condiciones implican que los maestros hayan sido vacunados, y que las escuelas hayan sido acondicionadas, pues en opinión de la ADP “plantear clase presencial en este momento es una necedad porque el 76% de las planteles no tienen agua”.

 

Y es que agua limpia y jabón son elementos esenciales para garantizar la higiene manual que puede minimizar contagios del COVID-19, ya que como la envoltura exterior del coronavirus es de grasa, y las moléculas que componen el jabón tienen una cabeza a la que le gusta el agua (hidrofílica) y una cola a la que no le gusta el agua (hidrofóbica), pero le gusta la grasa (lipofílica), cuando los niños se lavan las manos con jabón, durante 20 segundos, logran que la cabeza hidrofóbica del jabón se inserte en la envoltura de grasa del virus y la destruya, lo que implica que si en el 76% de las escuelas no hay agua, como dice la ADP, entonces en el 76% de los planteles los niños podrían estar expuestos a recoger virus en sus manos y distribuirlos en las aulas, siendo los maestros los potencialmente afectados por el contagio, y quienes a su vez podrían llevar el virus hasta sus hogares y contagiar a hermanos, padres, abuelos y vecinos.

 

La ADP también ha dicho que el ministerio de Educación se está dejando presionar por el sector empresarial que está exigiendo el retorno a la clase presencial, pero que si esa reapertura mañana genera una catástrofe sanitaria, “esos empresarios se lavarían las manos”, y no para eliminar virus, sino para no asumir culpas, y es ahí donde el ministerio de Educación, trabajando de la mano del ministerio de Salud, debe tomar muy en serio esta valiosa advertencia de la ADP, y utilizarla como escudo protector ante las evidentes presiones del empresariado, pues en medio de una pandemia la responsabilidad de la salud pública queda oficialmente en manos del Estado, y esa responsabilidad el Estado la asume con carácter y con firmeza, como la sociedad espera, y nunca la delega, y en tal virtud solicita al Congreso Nacional la aprobación de la Declaración del Estado de Emergencia, y bajo ese Estado de Emergencia se adoptan cuantas medidas fueren necesarias, y hasta que fueren necesarias, sin aceptar presiones de nadie.

 

En ese sentido, el obispo de la diócesis de La Altagracia ha dicho públicamente este pasado viernes que “la reapertura de las escuelas en el país debe hacerse luego que los maestros, estudiantes y personal de apoyo reciban la vacuna contra el COVID-19, pues no podemos dañar lo logrado, con una decisión peregrina”, y ese planteamiento coincide con nuestro planteamiento expuesto en nuestro artículo del pasado lunes en este periódico El Caribe, donde decíamos que lo más imprudente que se puede plantear en contra de alumnos, maestros, padres y abuelos es volver a la educación presencial cuando todavía no se ha iniciado el proceso de vacunación de la población general, y sin fecha cierta para el inicio de esa vacunación general, aunque, afortunadamente, la pasada semana recibimos 768,000 dosis de vacunas chinas, adicionales a 50,000 dosis llegadas desde India, y se pudo iniciar la vacunación, pero ellas no son suficientes para vacunar a maestros, personal de apoyo escolar, padres y abuelos de todos los estudiantes de esta nación, porque cada persona requiere 2 dosis, y la vacunación debe ser obligatoria condición para volver a la escuela.

 

Pero no obstante las sanas advertencias de la ADP, de obispos, de profesionales sensatos, y de miles de padres y madres que han dicho que bajo las actuales circunstancias no enviarán a sus hijos a las escuelas por el alto riesgo de contagio a la familia, el país pudo ver a través de la Tv a un grupo de elegantes damas, protestar frente al ministerio de Educación, con una rara pancarta que decía  textualmente: “explícalo: plaza, cine, cumpleaños, teatro, bar, sala de juego, gimnasio, pero no a la escuela”, y la verdad es que luce que quienes escribieron ese texto no estaban conscientes de que reclamar la vuelta a la clase presencial, con ese tipo de comparación, es irracional, pues es absurdo comparar una escuela con un bar, con una sala de juego, con un cine, o un cumpleaños, pues al bar, a la sala de juegos, al cine y al cumpleaños va quien quiere, a su cuenta y riesgo, pero a la escuela van niños enviados por sus padres para ser educados, no para divertirse, ni entretenerse, y cuando la clase rica de una sociedad compara la escuela con bares y salas de juego, está claro que tienen razón en su reclamo de volver urgentemente al plantel de educación,… pero luego de la vacunación.

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