Irlandeses en el Caribe en la temprana edad moderna

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Guerra anglo-española (1655-1660).

Durante el siglo XVII la conquista inglesa de Irlanda provocó una colonización, a gran escala, que conllevó expropiaciones masivas de tierras de los propietarios católicos rebelados contra la invasión. Las tierras pasaron a manos inglesas y escocesas imponiendo términos infranqueables a los irlandeses para acceder a ellas. Ello propició la desarticulación de muchos clanes irlandeses que, exiliados, pasaron a formar parte de los ejércitos españoles y franceses contratados como mercenarios. El abuso inglés fue tan humillante que en 1641 estalló una insurrección contra la llegada de fuerzas anticatólicas. La violencia llegó a los extremos y la represión que Oliver Cronwell aplicó fue terrorífica.

Resultado de esto, cientos de irlandeses fueron deportados al Caribe y forzados a trabajar en las plantaciones de azúcar y tabaco de las islas inglesas. Como afirman Kristen Block y Jenny Shaw, de quienes tomamos la información para elaborar este artículo, la historia caribeña irlandesa fue de explotación y amargura, además de poco conocida. Los documentos de los archivos españoles de mediados del siglo XVII muestran la llegada de estos individuos solicitando permiso para vivir como cristianos católicos en Santo Domingo, Portobello, Cartagena de Indias, Margarita, Puerto Rico y Veracruz.

Un caso que ejemplifica la búsqueda de la protección española para asentarse en América es el Richard Hackett, quien viajó desde Barbados a Santo Domingo. En 1638 aparece registrado como propietario de tierra en Barbados, por ese entonces colonia pujante del imperio inglés. En 1642 fletó un barco para quienes tenían intención de huir con el propósito de asentarse en algún lugar de la Española. En 1641 llegaron a Barbados numerosos puritanos que los españoles expulsaron de Providencia produciéndose una suerte de crisis por una fuerte subida de precios. En esta coyuntura de malestar pequeños plantadores como Hackett mal considerados por su origen irlandés debían proteger su identidad.

En 1642 Hackett estableció un campamento al norte de la Española compuesto por unas 300 personas entre hombres, mujeres y niños. Rápidamente entabló comunicación con los españoles por entonces inquietos por el empeño de ingleses y holandeses de tomar la isla. Su solicitud refería la conmovedora historia de la persecución religiosa auto denominándose el capitán de los cristianos de Hibernian. Argumentaba que eran refugiados irlandeses huidos de la crueldad hereje inglesa de Barbados que además de negarles la libertad religiosa, les impedía retornar a Irlanda. Explicaba que se hallaban enfermos y miserables y suplicaban obtener refugio. Este discurso le permitió obtener respuesta amistosa del gobernador, aunque ello no impidió las reticencias de otras autoridades.

El gobernador Juan Bitrain de Viamonte los recogió del campamento y les facilitó tierras de cultivo para obtener sustento, aunque no sin cierto recelo. Hacket propuso ser nombrado jefe de una tropa de 350 irlandeses para la defensa de la isla, armados a su costa, pero solicitando salario de maestre de campo. Para obtener sus deseos viajó a España y sometió la propuesta a la burocracia real. El Consejo de Indias le nombró capitán de infantería con sueldo de 200 ducados en 1642. Los españoles no se sentían seguros y pensaban que a pesar de ser católicos su sangre debía estar contaminada por el tiempo pasado entre ingleses.

Si bien negociar por grupos numeroso fomentaba la desconfianza española, las propuestas individuales tuvieron más éxito como el caso de Juan Morfa, primo de un sacerdote irlandés que desertó de la Tortuga cuando un pirata inglés asesinó a su primo. Huyó entonces a Cuba y de allí a pasó a la Española donde intervino con los españoles en la represalia de ese nido de piratas desalmados. Ello le proporcionó amistad con el gobernador Juan Vitrain. Desde 1636 sirvió como soldado a sueldo e intérprete para interrogar y espiar a prisioneros ingleses e irlandeses dado el dominio de ambas lenguas. Continuó al servicio del nuevo gobernador y el año de 1649 viajó a Sevilla donde impresionó a los funcionarios reales que le admitieron en el ejército y le otorgaron la orden de Santiago. El éxito de su ascenso se apoyó, desde luego, en su identidad católica, aunque quizás en este caso pesó más su historial militar al servicio de la Corona.

A finales de 1653, el gobernador interino don Francisco Montemayor, juez de Santo Domingo, se encontraba preocupado por el elevado número de irlandeses en la ciudad, a pesar de sus esfuerzos para remitir el excedente de extranjeros a Sevilla. Le obsesionaba que este tipo de agentes libres, a pesar de su trayectoria militar fuesen más fieles a sus intereses personales.

Ahora bien, este recelo irlandés se disipó cuando la expedición puritana de Cromwell, que intentó invadir Santo Domingo, fue frustrada gracias a ello, entre otras cosas por el buen desempeño y la astucia de las tropas irlandesas que emboscaron a los ingleses. Los oficiales españoles acompañados de soldados irlandeses residentes lograron interrogar a prisioneros y desertores, y ese fue un factor decisivo para el descalabro de las tropas británicos.

Desde este fracaso los ingleses establecieron leyes más rígidas y restrictivas anti irlandesas en sus colonias y fueron perseguidos virulentamente en Barbados. Desde la mitad del siglo XVII las islas inglesas se volvieron un entorno hostil para ellos, aunque finalmente ante el apabullante incremento de los esclavizados africanos, como hombres blancos mitigaron el rechazo. En ocasiones, las colonias francesas también los atrajeron para perjudicar a los ingleses.

Los hombres y mujeres irlandeses parecen haberse movido libremente en los territorios antillanos entre franceses y españoles en la segunda mitad del siglo XVII. Aunque en el siglo XVIII la mayoría de los irlandeses descubrió que permanecer en colonias inglesas proporcionaba vías más fáciles para la movilidad ascendente que arriesgarse a la deserción hacia franceses y españoles brutalmente castigada. En el Caribe los irlandeses en virtud de su origen europeo accedieron a una mayor movilidad social y económica. La necesidad de patrullar a las poblaciones esclavizadas de las plantaciones, contra la rebelión, significó que los irlandeses se volvieran miembros cruciales de las milicias. Aunque a finales del siglo XVIII, todavía muchos jugaron un papel crucial en la renovada armada española.
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Connected Worlds: The Caribbean, Origin of Modern World. “This project has received funding from the European Union´s Horizon 2020 research and innovation programme under the Marie Sklodowska Curie grant agreement Nº 823846. Dirigido por Consuelo Naranjo Orovio desde el Instituto de Historia-CSIC”.

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