Elisa Martínez Pozo
Especial para elCaribe
Leer cada poema de Jacques Roumain es ver como la poesía, la literatura en general no es solo una forma de belleza o de arte, sino también una forma de expresión profunda que denuncia, libera emociones y muchas veces verdades que no se pueden decir de otra manera. La poesía es un grito del alma. Desde el poema “Sucios negros”, “África”, “Madera de ébano” hasta “Nuevo sermón negro”, en estos escritos con su tono poético el autor da a conocer su sentir sobre un pueblo que ha sufrido el peso de la esclavitud, el racismo y la pobreza, pero al mismo tiempo un pueblo que guarda una fuerza interna para luchar y romper la sumisión.
Me detengo en este primer poema titulado “sucios negros” poema lleno de fuerza, una fuerza que no se resigna, un poema donde cada palabra da a conocer una liberación, un desahogo. Roumain inicia hablando no desde el individualismo, sino desde un grito colectivo de un pueblo haitiano que está cansando de ser esclavo, por eso sitúa al lector ante un nosotros: “Y bien aquí estamos: nosotros los negros los niggers los sucios negros no aceptamos más, está claro, se acabó ser en África, en América sus negros”. Un nosotros que exclama el deseo de libertad de muchos que por temor no expresan su sentir, de hombres y mujeres que desean ser escuchado y estar en un mundo donde se respete su dignidad y sus valores.
Al iniciar a leer este poema, es inevitable que el lector no se adentre en el sentir del escritor y sienta esa fuerza con la que fue escrito. Esa voz colectiva que habla por todos aquellos silenciados, aquellos que por miedo no tienen el valor de expresar su dolor. Pero, en la actualidad ¿dónde está ese nosotros del que habla el autor, sigue unido, sigue resistiendo, en un mundo donde el color de la piel aun determina oportunidades, donde el dinero es quien decide quien tiene voz y quien permanece invisible?
Roumain reconoce la humillación del pasado y tanto trabajo forzoso realizado, pero lo hace desde esa fuerza del presente y de esa firmeza de no volver a lo que era, una vida de maltrato: “cosechando para ustedes la caña de azúcar, el café, el algodón, el maní en África, en América, como buenos negros, como pobres negros, como sucios negros que éramos”. Una fuerza que le da la capacidad de transformar esos recuerdos dolorosos en orgullo, de transformar las heridas en resistencia.
Cada palabra va dando a conocer que Roumain no escribe desde un sentirse derrotado, cada escrito es un reflejo de conciencia de que la historia no se puede repetir, por eso el autor dice varias veces “se acabó”: “no aceptamos más, está claro, se acabó”, “como sucios negros que éramos que no seremos más, se acabó, ya verán”, esas palabras rompen el miedo y no solo revelan el fin de un estilo de vida esclavista sino que dan a conocer el deseo de un pueblo que lucha por su identidad, un pueblo que ha comprendido su valor, su poder, un pueblo que no está dispuesto a anonadarse. Y termino esta reflexión preguntándoles: ¿Realmente se acabó? ¿O seguimos siendo parte de un sistema que, aunque con otro rostro, continúa excluyendo y minorizando a los más vulnerables?
En el poema titulado “África” es un escrito lleno de dolor y a la vez de esperanza de un pueblo que ha sufrido, pero que se levanta para recuperar lo que le pertenece, su dignidad. Al inicio, el poeta de una forma metafórica da a conocer el sometimiento impuesto al continente. “Tu tiara solar hundida a culatazos hasta el cuello la transformaron en carcán; a tu videncia le reventaron los ojos; prostituyeron tu faz púdica”. Esa tiara solar, la veo como la dignidad de un pueblo que ha sido destruida por la violencia, la esclavitud y convertida en carcán, esto era un collar de hierro que se utilizaba para marcar a los esclavos.
Ante este sufrimiento el autor hace un llamado a no descaer, se refleja un signo de esperanza: “África, no tiembles, el combate es nuevo, el flujo vivo de tu sangre elabora sin decaer constante una estación”. Es un llamado a no tener miedo, porque el combate que viene ahora no es el de la esclavitud, es una nueva lucha por tu dignidad, tu libertad y la construcción de tu identidad.
Este es un poema que refleja la denuncia ante la esclavitud, el dolor de la pérdida de identidad de memoria, pero también da a conocer la resistencia y la esperanza de un pueblo que busca renacer y se niega al sometimiento.
Al final del el poema “Madera de ébano”, el autor hace un llamado universal y reconoce que no solo los negros han sido explotados, sino también obreros, campesinos y pueblos indígenas de distintas partes del mundo: “Guardia rojo de la China soviética obrero alemán de la prisión de Moabit indio de las Américas, reconstruiremos Copán Palenque y los Tiahuanacos socialistas Obrero blanco de Detroit peón negro de Alabama pueblo innumerable de las galeras capitalistas el destino nos alza hombro con hombro” Este fragmento expone como el dolor es compartido y como el sufrimiento no tiene color.
En un mundo donde todo se puede ver perdido el poeta nos invita a volver a nuestros orígenes, recordar lo que éramos, por eso menciona: “Reconstruiremos Copán Palenque y los Tiahuanacos”, nos invita a mirar un futuro donde los pueblos destruidos vuelvan a levantarse y recuperen su dignidad. Son palabras que nos mueven a valorar más nuestras raíces, esas raíces que definen lo que somos, de donde venimos y porque actuamos de cierta manera. Luego de hacer este recorrido por los escritos de Jacques Roumain, les invito a que se detengan y puedan preguntarse: ¿Estamos valorando nuestras raíces y luchando para que no se pierdan, en un mundo donde preferimos buscar y seguir modelos ajenos? ¿Estamos dispuesto a seguir reconstruyendo nuestra identidad desde lo que realmente somos y no desde lo que nos imponen?
