Valentín Amaro
Especial para elCaribe
Esta semana en “Espejo de tinta”, nuestra invitada es Heidy Lorenzo (Higüey, 24 de julio de 1995), quien es licenciada en Derecho. Miembro del Taller Literario César Vallejo desde el año 2016, y parte de su junta directiva. Ganadora del segundo lugar en la segunda versión del concurso literario de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) renglón poesía. Ha sido invitada a diferentes versiones de la Feria Internacional de Libro de Santo Domingo (FILSD), al III Festival Internacional de Poesía Ergo de Perú, IX Edición del Día de las Escritoras y Festival de Poesía Dolores Castro.
Sus poemas se encuentran publicados en “Nido de colibrí” de la editorial La Chifurnia, Honduras, 2025. Asimismo, algunos de ellos han sido publicados en la revista 17 del Círculo Literario El Aleph, en el volumen 42 de la Revista Letras Salvajes y en la antología puertoriqueña La Luna en dos espejos: 8 voces femeninas de República Dominicana y Puerto Rico. Su última participación antológica se encuentra en la antología española sobre el silencio, del VII encuentro de Letras Celestes: “Y ser como la estrella inaccesible y alta, alumbrando en silencio”.
Esta selección poética de Heidy Lorenzo sorprende por su frescura y por ese decir preciso, despojado de altisonancias. Su mirada procura apresar el mundo en un puñado de palabras, convirtiendo lo cotidiano, la memoria, la naturaleza y la fragilidad humana en materia de contemplación y revelación. Hay una voluntad de sugerir antes que explicar, de nombrar sin excesos y dejar que las imágenes alcancen su propia resonancia.
Su poesía se acerca a lo esencial desde una expresión sencilla, pero profunda, donde lo íntimo adquiere dimensión universal. La poeta observa, interroga y reconstruye, mientras la palabra se convierte en refugio y asombro.
LA ESCALERA DE ESTE MUNDO
A veces, he resbalado en la escalera
de este mundo.
La subo. La bajo.
Peldaño a peldaño.
La pienso.
La reconstruyo.
Tantas veces la he reconstruido que
ya, apenas, me dan los pies,
y uso las manos.
Para subir. Para bajar.
Para resbalarme.
DOMINGO
Háblanos día Domingo sobre tu peso.
Sobre, por qué pensamos tanto
cuando llegas
en plena tarde.
Por qué viene contigo una foto familiar.
Un tobogán. Cumpleaños. Navidad.
Por qué nos reduces a concluir:
tantos senderos de estrellas y colores
para que la vida viniera a ser
dos o tres dibujos perdidos,
la mitad de una canción,
flor caída de Flamboyán,
uno o dos viajes a otro pueblo,
visitas al cementerio,
y un lamento por el aire que fue,
por la brisa que ahora es,
por el pájaro que despertará al alba
junto a lo vivo del pensamiento.
Cuéntanos sobre el eco de ese trino
que, frente a lo amargo y a lo dulce,
frente al mito, la utopía, la muerte,
y toda la duplicidad de la memoria,
se asomará al calendario de la añoranza
para ponerte nombre.
TORMENTA DE NOVIEMBRE
Al día siguiente de una tormenta
solo queda un círculo blanco.
Como si la luz tratara de salir.
Y el trino.
Lejos.
Pichón.
Pichón sin papá que llama.
Pichón sin mamá
que quiere precipitarse en caída libre
por la migaja de pan.
Así es en los días que siguen a una tormenta.
Buscas al pájaro que ya creció.
Que ya aprendió a balancearse solo en el alambre.
Y te ves
a ti mismo.
BREVEDAD DE LO VASTO
Una foto.
Surge la niebla.
Y una hormiga se desliza en el papel.
Nada que ensordezca más que un
viejo recuerdo.
Si todo pasó de prisa.
Si todo transcurrió muy lento.
Las circustancias, siempre.
Los tiempos.
Y las nubes encima de nosotros
al mismo ritmo…
Lo vasto nos acompañó a lo largo,
pero
en nuestros ojos
la hormiga sigue siendo pequeña.
TARDE VERDEAZUL
Así que te toco, ave herida.
A ti, pájaro hablador.
Y a tus cabellos, palma abanico.
Y el verde,
el verde y azul
en todas partes.
SEPTIEMBRE
Alba naciente
los alambres resguardan
celaje de ave.
REVELACIÓN
Abrir los ojos
y ver que todas las cosas son lo que está escrito:
la revelación.
Como si de repente
pudiéramos ser salvados.
Subir al Gólgota,
y, en la agonía,
también pedir piedad como aquel hombre.
También tener un lugar en El Paraíso.
Perdón.
Palabra.
Redención.
Abrir los ojos y querer eso.
Esa otra cosa que nos saque del cieno,
que nos aleje del minotauro,
del barquero
o de la llama del mundo que quema el vuelo.
Solo perdón.
Solo un lugar en El Paraíso.
2 DE NOVIEMBRE
Nunca dejaremos la rosa
y nada más…
Recordaremos un dos de noviembre
bajo el cielo rojo de octubre
como si San Miguel librara la batalla otra vez.
O Los Olivos
le cantaran a Ogún Balenyó
la melodía de las ánimas.
Y traeremos las noticias de años atrás.
La oración entre paredes blancas.
La guitarra que tocaban las arrugas.
El perdón, porque ya no se podía…
Y los ojos que buscaban algo más que
levantarse
y andar.
NIDO DE COLIBRÍ
Nido de colibrí
el recuerdo de que
lo pequeño también puede resistir,
dormirse en la calma
pese a la borrasca más vigorosa
y ser un viajero
junto a nosotros,
a nuestras preguntas
y a la angustia de saber
cuándo llegará la muerte.
PEQUEÑA VISITA
Me anticipo al derretimiento de la vela.
Abro todas las gavetas.
Me miro de espaldas,
de frente,
y la vista periférica me advierte otra presencia.
No estoy sola, digo.
Nunca lo estamos, agrego.
No siempre la existencia se limita a consagrar
estos cuerpos que creemos únicos.
Lo noto, entonces,
mi abuela me ha visitado. l
