Amy Vargas Castro
Especial para elCaribe
Subestimamos la poesía. La hemos dejado postrada, suspendida en el espacio e inerte ante el paso del tiempo. Contrario a otros géneros literarios, ignoramos su evolución, exceptuando la flexibilidad compositiva que adquirió con la puesta en escena del verso libre, y constreñimos sus facultades a la producción de deleite estético o la exteriorización de reflexiones metafísicas, experiencias oníricas, intimidades, melancolías o dicha. Su abstracción en el subconsciente popular ha tomado forma en los grandes clásicos del Siglo de Oro, Neoclasicismo, Romanticismo y modernismo. Que el arte sea marcado por la perennidad de parte de artífices convertidos en referentes es la respuesta natural; empero, su productividad sobrepasa la expresión sintomática y la provocación de goce que estos pueden incitar en el receptor: es, en adición, un espacio para la lucha social tan válido como cualquier otro.
El arte verbal, indistintamente de la forma que adopte, posee una gran versatilidad. El agente creador puede delimitar sus potestades a voluntad y emplearlas para faenas cuya seriedad demande más que la divulgación en plataformas en línea o aplicaciones de mensajería: puede exigir el cambio significativo de su sociedad. Perseguir los principios idealistas de “el arte por el arte” es un privilegio del que no muchos creadores disponen, en especial aquellos que cargan con el bagaje histórico de la represión, como es el caso de los contextualizados en entornos heridos por la colonización y su consolidación en el desequilibrio de poder. En contraposición, buscan remedio en el alzamiento de sus voces y seguimiento de doctrinas fundamentadas en el respeto y valoración de la identidad colectiva e individual.
Paradigmas cercanos de esas líneas de pensamiento son el antillanismo y su paralelo afroantillanismo: postulados de emancipación e integración nacidos en en el Caribe hispanohablante del siglo XIX en oposición al colonialismo y el imperialismo, estando en su lugar a favor de la libertad, la integración antillana, la autoafirmación política y cultural (Arpini, 2014). Curiosamente, si bien su origen concreto suele localizarse en Puerto Rico, en 1868, este fue puesto en duda en una ponencia por el catedrático e historiador dominicano Emilio Cordero Michel (2003), quien situó —sin ánimo de desmeritar a los personajes extranjeros a quienes se les adjudica— su oriundez en República Dominican casi cinco años antes, como resultado de la Guerra Restauradora. De ser este el caso, ¿no es la manifestación en la cuna de ese discurso ideológico una obra de interés?, ¿existen posicionamientos literarios al respecto? La respuesta no es otra que un rotundo “sí”.
Uno de los primeros de la nación en embarcarse en tales travesías fue Rubén Suro García-Godoy. Según explica el escritor, estudioso y crítico literario dominicano Pedro Conde Sturla, en la antología Poemas de una sola intención (1984), Suro —quien es autor de las confecciones líricas recopiladas— rebasaría los confines de Los Nuevos, la efímera agrupación artística de procedencia vegana en la que se desarrolló desde sus inicios en 1936. Así, con todo y pesar de la brevedad de su bibliografía, logró hacerse un nombre por sí mismo, ¿pero a qué se debe esto? Para contestar la interrogante, es menester observar tanto el marco temporal en el que se desenvolvió el artífice como, por supuesto, su trabajo creativo.
En 1934, en plena dictadura de Rafael Leonidas Trujillo, compone el prototipo de literatura afroantillana: Rabiaca del haitiano que espanta mosquitos (pp. 31-33). A grandes rasgos, ilustra en la finitud de diez estrofas de disposición irregular, una situación ordinaria cuyo eje temático gira en torno a la cómica, exasperada y espontánea reacción —al menos en un principio— del personaje que protagoniza lo indicado por el título. La estrofa introductoria marca el sugerido tono jocoso:
¡Madite
moquite!
me tiene fuñíe
con ese sunbíe
que no pue aguantá.
Si bien resalta a la vista la musicalidad que cargan esos versos, despiertan un particular interés los factores que la guían: las vívidas representaciones, por medio de imprecaciones, de los fenómenos lingüísticos advertidos en hablantes de español cuya lengua materna es el criollo haitiano. Y no es solo por la atención al detalle o la destreza que debe suponer su realización, sino también la deliberada humanización de un grupo que fue tan víctima de Trujillo como los dominicanos. La matanza de 1937 es un lamentable recordatorio de ello; imputar las acciones del sátrapa contra los migrantes del vecino país a las tensiones y sensibilidades conocidas, principalmente las instauradas como consecuencia de la ocupación de 1822-1844, resulta improductivo. Después de todo, es conocimiento popular que tan solo meses antes del suceso, dirigió sus esfuerzos a promover la inmigración de blancos y eliminar a los haitianos del territorio con la aspiración de “blanquear” la raza (Pereyra, 2018).
Retomando el poema de Suro, su contemplación bajo tales consideraciones permite reparar en los matices críticos de su obra, independientemente de la comicidad que los arropa:
¡Tú a mí no me asute,
buca gente blanque
pa que te de gute,
pa que pua picá
que si pica un negre
te pue enbenená!
El menosprecio al afrodescendiente es latente en la declaración de que la sangre del hablante “pue enbenená” al zancudo que lo ataca, al igual que su invitación previa a “buca gente blanque / pa que te de gute, / pa que pua pica”. La sugerencia de que aquel líquido que fluye por sus venas no “está a la altura” de la que portan sus contrapartes blancas, ni para la subsistencia de un parásito —aun cuando es el mismo son que nos invita a la vida—, es eco de aquella mentalidad decadente impulsada por el tirano: la supremacía racial.
Este modelo de la poética comprometida, en un contexto en que la represión estaba a flor de piel, y la evocación de las convicciones colonialistas se materializó en el racismo estructural —y, por consiguiente, los rasgos e idiosincrasia afro eran rechazados—, constituye un acto de gallardía por méritos propios. La trascendencia de Rubén Suro García-Godoy se fundamenta en que, en una de las etapas de mayor severidad en la historia de República Dominicana, dio voz al oprimido y al hombre común sin sopesar la ferocidad de las consecuencias. Mas no salió ileso —no en el sentido tradicional—: fue uno de los varios literatos, simpatizantes y opositores por igual, que escribieron a favor de Trujillo; dados los comentarios sociopolíticos expuestos en su quehacer lírico, es viable deducir tal posicionamiento a modo de una represalia moral que tuvo que acatar con el fin de evitar un desquite peor (Beiro, 2011).
A través de Rabiaca del haitiano que espanta mosquitos, hemos confirmado que las construcciones poéticas, incluso en su fugaz extensión, pueden cargar matices ideológicos capaces de movilizar e inspirar a las masas. La entrada del antillanismo y el afroantillanismo en espacios literarios son invitaciones a la reflexión, explícitamente en relación al aprecio cultural alejado del espinoso rastro que los idearios colonialistas e imperialistas legaron en la jerarquización y sistema social de las comunidades que laceraron. Es, en otras palabras, una exhortación mediante la literatura —poderosa en todas sus presentaciones pues no por nada ha sido silenciada— al cambio del statu quo: las primaveras cambian, los años pasan, pero el ciclo permanece intacto.
Referencias
Arpini, A. M. (2014). Ideas en el Caribe hispano durante el siglo XIX. El Antillanismo como ideal emancipatorio y de integración. Algarrobo-MEL, 3(3). https://revistas.uncu.edu.ar/ojs3/index.php/mel/article/view/197
Beiro, L. (28 de mayo de 2011). Apuntes de la poesía en la Era de Trujillo. Listín Diario. https://listindiario.com/ventana/2011/05/28/189936/apuntes-de-la-poesia-en-la-era-de-trujillo.html
Conde Sturla, P. (Ed.). (1984). Poemas de una sola intención. Ediciones Taller.
Michel, E. C. (2003). República Dominicana: cuna del antillanismo. Clío, (165), 225-236. https://catalogo.academiadominicanahistoria.org.do/opac-tmpl/files/clio/Cl%C3%ADo_2003_No_165.pdf
Pereyra, E. (9 de octubre de 2018). Antes de la matanza del 1937, Trujillo se empecinó en “blanquear” la raza. Diario Libre. https://www.diariolibre.com/revista/cultura/antes-de-la-matanza-del-1937-trujillo-se-empecino-en-blanquear-la-raza-LO10961749#google_vignette.
La autora del artículo es estudiante de la Licenciatura en Lengua y Literatura en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM).
