Vivian Jiménez: relatos que oscilan entre la crudeza y la fascinación

Vivian Jiménez Quiñones nació en Bonao, República Dominicana, cursó una licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, y obtuvo una maestría en Comunicación Corporativa en Unapec. Trabajó como editora en los periódicos El Caribe, El Siglo, Listín Diario y Diario Libre. Ha ganado varios premios por su labor periodística y actualmente reside en Florida, Estados Unidos.

Vivian Jiménez conoce a la perfección el oficio de escribir y su prosa se caracteriza por su estilo desnudo de figuras retóricas innecesarias y en cambio exhibe una fluidez que sitúa al lector en el escenario de sus historias, casi como si las estuviera viendo en persona, lo que denota su carácter de escritora madura y reflexiva, despojada de brillanteces, pero armada de recursos poderosos a la hora de narrar.

En el caso del cuento titulado La niña que fuiste, el relato que abre el libro, nos encontramos con una muchacha que regresa a su pueblo, casi siempre en las fiestas navideñas, para encontrarse siempre con una foto, una imagen en la que aparecen ella, su hermana y su madre, una foto que la retrotrae a épocas lejanas de su infancia, cuando ella no era la chica llena de tatuajes, desinhibida y vestida con ropas sugerentes como es ahora, entregada a la vida disipada y al goce de todo lo que para una sociedad pueblerina representa el pecado.

Hay un momento en que esa niña de la foto, en lo que parece ser un examen de conciencia, cobra vida y se sienta a su lado para recriminarle por esa vida que lleva, por la despreocupación, las fiestas y el alcohol que llenan su existencia, como si buscara un arrepentimiento ante el hecho de que su hermana en cambio vive confinada en ese pueblo pequeño, convertida en una especie de contracara de lo que es ella; una chica formal, seria, sin novio, entregada a su trabajo. Pero nuestra protagonista se rebela y se revela al mismo tiempo, le cuenta a la niña cómo el hermano de su “novio de amores buenos”, un médico recién graduado, la seduce, la viola y la deja, lo que en realidad representa el comienzo de la “supuesta vida de placer” que ella lleva.

En otra de las historias; Hechizo bajo la pandemia, el confinamiento actúa como el disparador de una relación virtual entre dos vecinos, una chica y un muchacho, que se comunican desde sus ordenadores y, al final, cuando la pandemia se termina, viven su romance en plenitud como si por fin la posibilidad de concretar todo lo que soñaron se hiciera posible.

Borrascas del pasado es un relato que recrea una de las tantas historias de violencia intrafamiliar que se multiplican a todo lo largo y ancho de la geografía nacional, Rebeca, una joven que crece en una familia monoparental junto a su madre, intuye que hay un secreto terrible detrás de la historia de la muerte de su padre que, según el relato de su madre y de una tía, ocurrió en un accidente de tránsito.

Rebeca siente que le ocultan algo porque, cada vez que interroga a su madre sobre ese hecho, las respuestas son vagas, un accidente, un choque, y enseguida le cambian de tema. Como siempre sucede en este país, cuando en una pelea conyugal el que muere es el hombre, la familia de éste toma partido, condena a la mujer y hasta trama venganza, que en este caso no se puede concretar porque la dama que evitó su propio feminicidio dando muerte a su agresor borracho, celoso y violento, huye a Santo Domingo y nunca la encuentran.

Cuando Rebeca descubre que su padre murió a manos de su madre, y cuando su madre le cuenta cómo fue ese enfrentamiento desigual entre ella y ese hombre que estaba dispuesto a matar a la misma Rebeca, entonces una niña muy pequeña, esa revelación tiene un peso tan grande que Rebeca sale corriendo de la casa, como si en esa carrera pudiera encontrar una respuesta definitiva y la capacidad de perdonar a su madre.

La mujer del río, título que da nombre al libro, narra la historia de Mercedes, una joven casada, madre de dos niñas y de un niño, en los días del fatídico huracán David, un desastre natural que sembró de muerte, de inundaciones y destrucción a este país “situado en el trayecto mismo del sol” y de los ciclones.

Mercedes no cree que el huracán sea tan duro como dicen, en los tantos años que lleva viviendo en este país nunca un fenómeno natural como ese fue tan duro como dejar la casa, buscar refugio en otro lado, de manera que decide quedarse mientras su esposo y su único hijo varón se dirigen a la casa de un pariente, que es la única vivienda de concreto en esa zona, donde muchas otras personas ya se han refugiado.

La crecida del río Yuna se lleva a las dos hijas pequeñas de Mercedes que, sostenida por su fe en Dios y a fuerza de oraciones logra sobrevivir, trepada a grupos de ramas arrastradas por el agua y finalmente montada en una palma sobre la que se coloca a horcajadas para terminar en una orilla donde es rescatada por la policía.

La historia de esa mujer que venció al río embravecido por la tormenta, que recorrió un trayecto de Bonao a Cotuí montada en improvisadas balsas la convirtió en una especie de leyenda, Mercedes fue visitada en el hospital por mucha gente, incluso por funcionarios, y finalmente regresó a su casa con su marido y su hijo sobreviviente, a la misma pobreza de la que el Huracán la arrancó.

La mujer del río es un libro de cuentos que no hace concesiones a la realidad dominicana, sino que la retrata tal como es, cada una de las historias está compuesta con un discurso perfectamente elaborado, que no se rinde ante la crudeza de la situación que tiene que relatar.

Es una obra que atrapa desde el primer relato, en unos cuentos en los que el ensueño tiene muy poco espacio, y donde la pobreza o la marginación, o la ausencia de ideales de una juventud entregada a la ambición material sin reparar en los medios a los que tenga que recurrir para alcanzar su objetivo, aparece con suficiente contundencia como para no dejar resquicio a las posibilidades de redención, como en el caso del cuento titulado El dilema de la novata, que es la historia de una “chapiadora” que recién se inicia en esa actividad y está dispuesta todo por conseguirse un hombre que la mantenga, no importa que resulte condenada “a ser la otra”, la que se busca para tener sexo y nada más, porque para eso es que esos hombres adinerados pagan.

Es un libro que se disfruta por el lenguaje fluido con el que está escrito, en un estilo suficientemente claro, ameno en algunos fragmentos, y sobre todo por una autora que conoce a la perfección el oficio de narrar.l


La mujer del río fue publicada en la colección del Banco Central de la República Dominicana.

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