El cuadro de la Virgen ya había sido blanco de otros incidentes. Entre 1927 y 1928 fue sustraído por una persona con trastornos mentales. En 1969, otro intentó atacarlo con un machete, sin causarle daños.
El sábado 17 de julio de 1971, la feligresía dominicana vivió uno de los episodios más conmocionantes para la Iglesia católica cuando el cuadro que resguardaba la sagrada imagen de la Virgen de la Altagracia, patrona del pueblo dominicano, fue sustraído de la Basílica de Higüey. El hecho provocó consternación en todo el país y dio paso a una intensa búsqueda de la venerada pintura. En esta entrega de Zona Retro recordamos los acontecimientos que marcaron este caso, desde el robo de la imagen hasta su posterior recuperación y reposición en el santuario.
El robo que conmocionó al país
Lo que parecía ser un sábado tranquilo en la comunidad de Higüey cambió de manera inesperada, cuando un grupo de desconocidos irrumpió en la Basílica y sustrajo el cuadro que resguardaba la sagrada imagen de la Virgen de la Altagracia. El hecho provocó una profunda conmoción entre los habitantes de la ciudad, quienes reaccionaron con asombro y preocupación ante uno de los episodios más impactantes ocurridos en ese importante santuario religioso.
Cuando la noticia se dio a conocer, centenares de personas salieron a las calles consternadas por el inesperado suceso.
Mientras algunos expresaban su indignación y protestaban por lo ocurrido, otros no pudieron contener las lágrimas y acudieron a la Basílica para confirmar un hecho que, para muchos, resultaba difícil de creer.
Desde ese momento, Higüey quedó sumida en un ambiente de tristeza y recogimiento. Las actividades cotidianas disminuyeron de manera notable, mientras los habitantes se congregaban en parques y esquinas para intercambiar, en voz baja y con profunda devoción, las más recientes informaciones sobre el robo del cuadro de la Virgen.
Al mismo tiempo, numerosos fieles acudían tanto al antiguo Santuario de la Virgen como a la Basílica para elevar plegarias por la pronta aparición de la venerada pintura. La tradición sostiene que esta imagen, de gran antigüedad, apareció junto a un naranjo hace más de cuatro siglos, luego de que una joven la pidiera insistentemente a su padre, convirtiéndose desde entonces en uno de los principales símbolos de la fe del pueblo dominicano.
En el templo, los fieles elevaban sus oraciones y, con lágrimas en los ojos, ascendían las escalinatas del altar mayor para contemplar y tocar el nicho vacío donde hasta entonces había permanecido el cuadro que resguardaba la venerada imagen de la Virgen de la Altagracia.
La pintura, que apenas dos días antes había cumplido seis meses de haber sido trasladada en solemne procesión desde el antiguo Santuario hasta la moderna Basílica, donde pasó a ocupar su nuevo lugar de veneración, fue arrancada de su nicho por los responsables del robo.
La noticia de la sustracción del cuadro fue comunicada a la población alrededor de las 7:00 de la mañana mediante el sonido de sirenas y el repique de las campanas, alertando a la comunidad sobre el hecho que conmocionó a todo el país.
Así ocurrió la sustracción
Valiéndose de una segueta y unas tijeras de presión, los responsables del robo cortaron los tornillos que aseguraban el cuadro detrás de un grueso cristal protector.
El marco de vidrio, traído del extranjero para preservar la sagrada imagen, fue abandonado en el altar mayor junto con las herramientas empleadas para perpetrar el hurto, evidencias que quedaron en la escena tras la sustracción.
Durante las pesquisas, las autoridades judiciales y policiales que investigaban el caso localizaron en el sótano del templo una segunda segueta, un destornillador y un par de guantes de color azul marino, envueltos en papel. Los investigadores presumían que estas herramientas habían sido utilizadas por el autor o los autores del robo para desconectar el órgano eléctrico y los altavoces del altar antes de cometer la sustracción.
Una obra de incalculable valor
El cuadro que resguardaba la imagen de la Virgen de la Altagracia constituía una valiosa obra de orfebrería. Su marco, elaborado en oro, estaba adornado con numerosas piedras preciosas que, según explicó el entonces obispo de la diócesis, monseñor Juan F. Pepén, eran ofrendas entregadas por los fieles en agradecimiento por los favores atribuidos a la Santísima Virgen.
Como expresó el prelado, aquellas joyas “no se pueden valorar en dinero”, debido a su profundo significado religioso y al carácter devocional de las donaciones recibidas.
Las primeras hipótesis
Las primeras investigaciones indicaban que el robo habría sido cometido durante la madrugada. Uno de los serenos de la Basílica declaró que, tras ingresar al templo para verificar dos velones que se habían apagado, comprobó que el cuadro aún permanecía en su nicho, por lo que se estimó que la sustracción ocurrió horas después.
Las autoridades también manejaban la hipótesis de que el autor o los autores del hecho se ocultaron desde la tarde anterior en el sótano de la Basílica. Allí habrían permanecido tras cortar varios cables del sistema eléctrico, esperando el momento propicio para ejecutar el robo.
Los responsables del robo no lograron llevarse la corona elaborada en oro macizo e incrustada con piedras preciosas, entre ellas esmeraldas y zafiros, debido a que había sido resguardada previamente en un lugar seguro. Así lo informaron las autoridades eclesiásticas de la diócesis.
La desaparición del cuadro que resguardaba la imagen de la Virgen fue descubierta en las primeras horas de la mañana por una de las religiosas que acostumbraba iniciar las labores litúrgicas en la Basílica. De acuerdo con las informaciones de la época, sor Aurelia fue quien dio la voz de alarma a monseñor Juan F. Pepén, quien de inmediato notificó lo ocurrido al Arzobispado de Santo Domingo mediante el servicio de fonía.
Un santuario en silencio
La habitual afluencia de autobuses y vehículos provenientes de distintos puntos del país disminuyó notablemente durante los días posteriores al robo. La noticia de la profanación de la sagrada imagen, difundida por la radio y la prensa, alteró el ambiente habitual de peregrinación que caracterizaba los fines de semana en la Basílica de Higüey.
El robo, además, coincidió con un apagón de cinco horas y media. El servicio eléctrico fue interrumpido a las 4:00 de la madrugada y restablecido a las 9:25 de la mañana, circunstancia que también fue tomada en cuenta durante las investigaciones del caso.
La investigación toma fuerza
Un total de 26 personas permanecían detenidas en la cárcel de la Policía Nacional mientras eran investigadas por su presunta vinculación con el robo del cuadro que resguardaba la imagen de la Virgen de la Altagracia.
Los arrestos comenzaron pocas horas después de que desconocidos sustrajeran la venerada pintura de su nicho en la Basílica de Higüey, hecho que dio inicio a una amplia investigación por parte de las autoridades.
El esperado regreso de la imagen
Tras varios días de intensa búsqueda, la Policía Nacional recuperó la pintura en La Romana y posteriormente la restituyó a su lugar en la Basílica de Higüey. Antes de su regreso al santuario, el cuadro fue expuesto a la veneración de los fieles en la Catedral de Santo Domingo, donde se celebró una misa en acción de gracias por su recuperación.
Con la recuperación del cuadro concluyó uno de los episodios más dolorosos en la historia de la Basílica de Higüey. El robo de 1971 no solo puso a prueba la devoción de miles de creyentes, sino que quedó registrado como uno de los acontecimientos religiosos que mayor conmoción provocó en la República Dominicana durante el siglo XX.
