La presidenta de Asodopsi, Abril Arias, explica por qué muchas metas fracasan y cómo el equilibrio emocional es un pilar para construir un nuevo año en bienestar
El 2025 ya quedó atrás, como un capítulo que se cierra en el libro de nuestra vida. Con él se van los errores que nos persiguieron, las culpas que nos ataron y las metas incumplidas que cargamos como una mochila invisible y pesada.
Pero el inicio de 2026 no es solo un cambio en el calendario: representa una oportunidad concreta para reordenar la mente, sanar emociones pendientes y redefinir qué significa realmente el éxito personal.
Para explorar cómo arrancar este nuevo año con mayor equilibrio emocional, conversamos con Abril Arias, presidenta de la Asociación Dominicana de Profesionales de la Psicología (Asodopsi). Ella comparte ideas clave para cerrar ciclos internos, soltar lo que ya no sirve y reprogramarnos emocionalmente.
Comenzar por cerrar 2025 emocionalmente es esencial, y no se trata de olvidar lo vivido, sino de hacer un balance honesto y profundo. Al mismo tiempo, identificar qué es necesario soltar para no arrastrarlo al futuro.
Arias indica que, sin este proceso, es común quedar atrapados en la rumiación constante, esa repetición mental de errores que genera ansiedad, culpa y la sensación persistente de no haber sido suficiente. En cambio, reconocer hasta dónde llegaste, aunque no hayas cumplido todo lo planeado, infunde serenidad, renueva la fe en ti mismo y aviva la esperanza para lo que viene.
Esto nos lleva a analizar por qué tantas metas fracasan, un patrón que se repite cada enero. Muchas personas se proponen objetivos ambiciosos solo para abandonarlos en pocos meses. Abril dice: “Desde la psicología, el problema rara vez es la falta de talento o disciplina innata, sino que esas metas no se ajustan a las condiciones reales de nuestra vida diaria ni al proyecto personal más amplio”.
Arias insiste en que las metas efectivas deben ser medibles, alcanzables con los recursos disponibles y específicas, alineadas con tu contexto actual. Cuando los objetivos desbordan la realidad, la frustración irrumpe rápido, seguida de procrastinación y un abandono que deja un sabor amargo de fracaso.
Aquí radica una distinción crucial: la diferencia entre metas auténticas e impuestas por presiones externas.
Según la psicóloga clínica, una meta auténtica brota del interior, conectada con tu vocación profunda, tus valores fundamentales y el sentido personal que da propósito a tu existencia; no depende de likes en redes o de aprobación familiar para motivarte.
“Cuando una meta es coherente con quién eres de verdad, no pesa como una carga: aunque cueste esfuerzo, lo vives con gusto y fluidez”, comparte la trabajadora social. En contraste, las metas impuestas suelen derivar en agotamiento emocional, hastío crónico y una desconexión profunda, porque chocan con nuestra esencia.
Otro factor que sabotea el progreso es el cansancio mental acumulado, el estrés no gestionado y las emociones no sanadas de experiencias pasadas, que impactan directamente nuestra capacidad para sostener objetivos a largo plazo.
“Sin una sanación emocional previa, incluso las metas más valiosas se viven como una carga insoportable”, advierte la terapeuta familiar y de pareja.
Una autoevaluación que sirva como brújula
Para avanzar sin autoexigencia, Arias sugiere practicar autocompasión diaria, fijar fechas realistas a los objetivos, celebrar logros pequeños, compartir metas solo con confidentes o mentores, e identificar fortalezas mientras disfrutas conscientemente del camino por procesos graduales.
Finalmente, para iniciar 2026 con un equilibrio emocional sólido, Abril propone una autoevaluación profunda que sirva de brújula. Dedica tiempo a responder tres preguntas esenciales: ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, y ¿hacia dónde voy? Estas respuestas te reconectarán con tus valores más profundos, tus orígenes y tu visión futura. “Cuando una persona vive alineada a sus valores auténticos, prioriza lo que realmente da sentido a su existencia y fluye con mayor paz”, concluye.
