Vivir con epilepsia: el camino hacia una vida plena sin estigmas

En RD, aunque cerca del 70 % de los pacientes logra controlar sus crisis, persisten desafíos sociales, emocionales y económicos

Gabriella Corti Girón
Especial para elCaribe

Cada año, el Día Internacional de Concientización sobre la Epilepsia abre una oportunidad para mirar más allá de una condición frecuentemente reducida a las crisis convulsivas. Hoy, la ciencia y la práctica médica coinciden en algo esencial: la epilepsia no solo se trata de controlar episodios, sino de garantizar calidad de vida, adherencia al tratamiento y, sobre todo, derribar los estigmas que aún persisten.

En República Dominicana, miles de personas conviven con esta condición neurológica. Aunque los avances médicos han permitido que cerca del 70 % de los pacientes logre controlar sus crisis con el tratamiento adecuado, la realidad cotidiana sigue marcada por desafíos que van más allá de lo clínico.

Calidad de vida: el verdadero objetivo

La epilepsia impacta múltiples dimensiones de la vida. No se trata únicamente de evitar convulsiones, sino de poder estudiar, trabajar, relacionarse y desarrollarse con normalidad.

Investigaciones realizadas en los Centros de Diagnóstico y Medicina Avanzada y de Conferencias Médicas y Telemedicina (Cedimat) han evidenciado que factores como el desempleo, los trastornos emocionales y la frecuencia de crisis influyen directamente en la percepción de bienestar de los pacientes.

Estos hallazgos coinciden con la evidencia internacional, que señala que la calidad de vida en epilepsia está profundamente ligada al entorno social, la estabilidad emocional y las oportunidades de integración.

El reto silencioso

Uno de los mayores desafíos en el manejo de la epilepsia es la adherencia al tratamiento. Tomar los medicamentos de forma correcta y constante es el principal factor para prevenir crisis, pero no siempre se cumple.

Datos obtenidos en población dominicana revelan que solo una minoría de pacientes mantiene una alta adherencia terapéutica. Olvidar dosis, suspender medicamentos o no seguir las indicaciones médicas sigue siendo una práctica frecuente.

Las consecuencias son claras: menor adherencia se traduce en crisis más severas, mayor riesgo de hospitalización y un impacto negativo en la calidad de vida.

El peso del estigma

A pesar de los avances, la epilepsia continúa rodeada de mitos. El temor a convulsionar en público, a perder oportunidades laborales o a ser discriminado genera una carga emocional significativa.
Ansiedad, depresión y aislamiento social son parte de una realidad que muchos pacientes enfrentan en silencio.

“Por eso, los especialistas insisten en que el abordaje debe ser integral: tratamiento farmacológico, apoyo psicológico, educación familiar y una sociedad más informada”, añadió Francisco Javier Taveras Almonte, neurólogo epileptólogo de Cedimat.

Claves para vivir mejor con epilepsia

Los expertos recomiendan algunas medidas prácticas para mejorar el control de la enfermedad y la calidad de vida:
Seguir estrictamente el tratamiento indicado.
Mantener hábitos de sueño regulares.
Evitar el estrés intenso y el consumo excesivo de alcohol.
Asistir a controles neurológicos periódicos.
Buscar apoyo emocional cuando sea necesario.

La epilepsia no define a la persona. Con diagnóstico oportuno, tratamiento adecuado y acompañamiento integral, la mayoría de los pacientes puede llevar una vida plena: estudiar, trabajar, formar una familia y desarrollarse en la sociedad.

La clave está en la información

Comprender la epilepsia no solo ayuda a quienes viven con ella, también contribuye a reducir el estigma, mejorar la adherencia al tratamiento y construir entornos más inclusivos.

Porque, al final, vivir con epilepsia no debería significar vivir con limitaciones, sino con oportunidades.

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