“El afán del día no entra en conflicto con dedicar algunos minutos para mejor comprender dónde estamos y qué somos”.
Se estima que actualmente existen 46 mil objetos espaciales monitoreados, incluidos satélites inactivos y restos de cohetes; de los cuales hay 14 mil operativos, dentro de cuyas principales funciones consisten en habilitar las telecomunicaciones globales (internet, televisión), proveer sistemas de geolocalización, observar el clima, el medio ambiente y realizar investigaciones científicas y astronómicas.
Pensar que ante esa enorme cantidad de 46 mil objetos espaciales monitoreados hace solo 68 años y 8 meses no había ningún satélite artificial orbitando la Tierra. Es el 4 de octubre de 1957 cuando se lanza el primer satélite artificial de la historia; se le llamó Sputnik I (compañero de viaje I) puesto en órbita por la entonces URSS, Union de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
Después de un complejo proceso de estudio para la toma de decisión ante los distintos factores asociados se optó por un dispositivo sencillo y funcional, cuyas especificaciones incluían una esfera metálica pulida de aluminio de 58 centímetros de diámetro y 83.6 kilogramos de peso, es decir unas 184 libras que por su densidad metálica se entiende que no ocupara mucho espacio, además con cuatro antenas externas que emitían pulsos de radio. Lo dicho corresponde a su diseño y construcción.
Su cohete de lanzamiento fue el llamado Semyorka -originalmente diseñado como misil balístico intercontinental- de 30 metros de altura propulsado por motor de keroseno y oxígeno líquido, con la potencia necesaria para poner al Sputnik en el espacio exterior para luego pasar a la velocidad orbital de 29 mil kilómetros por hora, completando así cada vuelta a la Tierra en 96 minutos.
El Sputnik alcanzó la órbita terrestre baja en la que el punto más cercano a la Tierra (perigeo) es de 223 kilómetros y el punto más lejano 950 kilómetros (apogeo). Sus famosas señales de radio (bip-bip-bip) duraron 22 días hasta que las baterías se agotaron el 26 de octubre de 1957. El Sputnik reingresó a la atmósfera terrestre el 4 de enero de 1958 desintegrándose ante las altas temperaturas provocadas por la fricción.
A partir del lanzamiento del Sputnik I se desarrolló una gran competencia entre los EE.UU. y la URSS que impulsó de forma extraordinaria el desarrollo de la astronáutica con hitos muy próximos como que el 12 de abril de 1961 la URSS hacía posible que el primer ser humano llegara al espacio exterior y el 20 de julio de 1969 EE. UU. que el primer ser humano pisara la Luna.
Sputnik I, el primer satélite.
