Trump nunca nunca despuntó como estratega militar o político (si así fuera no se metería en esta guerra), pero sí como excelente negociante y propagandista. Si pierde nunca lo reconocerá, incluso venderá la derrota como victoria. Dice que no habrá escasez de municiones porque las tiene ilimitadas, pero inmediatamente convoca a la industria armamentista para cuadruplicar la producción. Celebra haber destrozado al ejército iraní, mientras pide a sus ciudadanos que abandonen el Golfo. Dice controlar el petróleo, pero libera reservas, exhorta al G7 a hacer lo propio y suspende sanciones que benefician a Putin. Desprecia a Europa porque EE.UU. puede solo, pero enfurece si le niegan sus bases. Proclama controlar Ormuz, pero retrocede a miles de millas el Abraham Lincoln. Mejor seguir sus hechos que su discurso.
