Si por lo vendepatria fuera, esos solo dignos para el zafacón de la historia, no debiéramos recordar el 30 de mayo de 1961, día del ajusticiamiento de Trujillo. Inclusive, si pudieran falsificarían la historia para borrar de la memoria del dominicano las fechas patrias y que no haya héroes ni mártires que venerar. Pero no, hoy 30 de mayo hay que recordar el acontecimiento de cualquier manera posible, para que no se borre el pasado y que la historia que registra la muerte del sátrapa no sea letra muerta sino arma para mirar el presente y proyectar el porvenir. Recordar el 30 de mayo de 1961 es rescatar y dar perdurabilidad a nuestra memoria histórica, y conservarla siempre activa en contra de dictadores, pichones de dictadores y falsos profetas.
