Diplomacia para una economía abierta: lo que cambia con Ito Bisonó

La designación de Víctor “Ito” Bisonó como ministro de Relaciones Exteriores introduce un cambio de estilo en la diplomacia dominicana, pero ocurre sobre una base institucional construida durante seis años de gestión de Roberto Álvarez. Más que una ruptura, el relevo puede leerse como una adaptación a un escenario internacional donde comercio, inversión, tecnología y geopolítica están cada vez más conectados.

La República Dominicana tiene razones económicas para mirar su política exterior desde esa óptica. En 2025, la inversión extranjera directa alcanzó US$5,032.8 millones y los ingresos de divisas generados por exportaciones, remesas, inversión y turismo sumaron US$47,291.5 millones, de acuerdo con el Banco Central. Estados Unidos, además, sigue siendo su principal socio comercial: el intercambio bilateral de bienes y servicios llegó a unos US$34,200 millones ese mismo año. Para una economía de esta escala, la capacidad de abrir puertas y mantener interlocución en centros de decisión tiene efectos que pueden trasladarse a inversión, acceso a mercados y cooperación.

La evidencia académica ofrece un marco útil. En Does Economic Diplomacy Work? A Meta-analysis of Its Impact on Trade and Investment, Selwyn J. V. Moons y Peter A. G. van Bergeijk revisaron 32 estudios y encontraron un efecto positivo y significativo de la diplomacia económica sobre los flujos internacionales de comercio e inversión, aunque con diferencias según el instrumento utilizado. La relación personal puede ayudar, pero necesita mecanismos institucionales para convertirse en resultados.

Ese punto es especialmente importante frente al nearshoring. La ubicación del país, próxima a Estados Unidos y conectada mediante el CAFTA-DR, ofrece una ventaja. Sin embargo, la geografía no resuelve por sí sola los requerimientos de una cadena de suministro. Panorama de oportunidades República Dominicana, de Steve Brito y Juan Carlos López para el BID, ubicó al país en el puesto 88 de 139 economías en el Índice de Desempeño Logístico de 2023 y señaló brechas en automatización, mano de obra cualificada y transporte intermodal. Partnering for Economic Security, elaborado por el DR-US Economic Strategy Advisory Group, plantea una oportunidad de “twinshoring”, pero condicionada a mejoras en infraestructura, formación técnica y coordinación institucional.

La misma lógica aplica a las nuevas tecnologías. El país ya tiene acuerdos con NVIDIA para desarrollar un Centro de Excelencia en Inteligencia Artificial y con Google para un puerto internacional de intercambio digital cuya primera fase supera los US$500 millones. Esas inversiones requieren conectividad, energía, capital humano, regulación y confianza. La diplomacia, en ese contexto, funciona también como instrumento de promoción económica y de reducción de incertidumbre para empresas que comparan varias jurisdicciones antes de decidir dónde instalar capacidad.

América Latina también está modificando la forma de construir alianzas. Un análisis del BID publicado en 2026, Reimagining Regional Cooperation in Latin America and the Caribbean: Flexible, Pragmatic, Impactful, describe una cooperación regional más flexible, orientada a proyectos y resultados. Para República Dominicana, esa tendencia abre espacio para relacionarse con distintos gobiernos y sectores sin convertir cada vínculo económico en una adhesión ideológica.

Ahí aparece la diferencia de estilo entre Álvarez y Bisonó. Álvarez proviene del derecho internacional, la OEA, los derechos humanos y la diplomacia formal. Su gestión fortaleció la carrera diplomática, impulsó concursos públicos y dio continuidad a una escuela más ortodoxa de relaciones exteriores. Bisonó llega desde la política, el Congreso y la gestión económica, con una trayectoria de interlocución en redes parlamentarias, empresariales y centros de pensamiento. Sin abandonar la formalidad del cargo, su perfil permite anticipar una gestión más directa y con acceso político para reducir tiempos en determinadas conversaciones.

Ese atributo también contiene un riesgo importante, específicamente vinculado a la personalización. Una política exterior sustentada en la agenda del canciller puede ganar velocidad, pero perder capacidad de continuidad. La experiencia de Bisonó en el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes muestra, sin embargo, antecedentes de fortalecimiento institucional, certificaciones de gestión, transparencia y simplificación de procesos. Trasladar esa lógica al MIREX podría enriquecer la carrera diplomática. Si las relaciones personales no se convierten en procedimientos, equipos y memoria institucional, el esfuerzo posterior para robustecer la institución será mayor.

Las primeras señales apuntan a que el giro busca resultados. Bisonó fue juramentado el 17 de agosto; al día siguiente recibió a la embajadora estadounidense Leah Francis Campos y el 22 conversó con el secretario de Estado Marco Rubio sobre comercio, inversión y sectores estratégicos. En un momento de competencia por cadenas de suministro, capital tecnológico y alianzas, la decisión parece responder al derrotero que está tomando el mundo. Para República Dominicana, la prueba será convertir cercanía en capacidad institucional y capacidad institucional en oportunidades.

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