La edición XXVII de la Feria Internacional del Libro, inaugurada anoche en la Plaza de la Cultura y que estará abierta al público hasta el 05 de octubre, dedicada en esta entrega al laureado historiador Frank Moya Pons, es un acontecimiento cultural que recibimos con júbilo porque convierte a los libros, al menos durante unos días, en objetos preciados y valorados.
Importante porque el libro, como vehículo de educación en valores, de difusión de la cultura y de enseñanza-aprendizaje, recibe esta valoración especial de toda la sociedad, aunque creemos que se necesitan otros incentivos, entre ellos una adecuada legislación para que los jóvenes puedan publicar sin tantas dificultades económicas y una Editora Nacional estatal, para que la lectura tenga una presencia permanente en la formación de nuestros niños y jóvenes.
El objetivo de esta feria, que reconocerá además a la Red de ferias y festivales literarios de Hispanoamérica y que pondrá énfasis en la literatura infantil, es lograr una mayor visibilidad, presencia y promoción internacional de la literatura dominicana, y posibilitar el contacto de los lectores y público en general con escritores consagrados, tanto nacionales como extranjeros.
La presencia confirmada de 75 escritores que integran talleres literarios del interior del país, en iguales condiciones que los invitados especiales, realzan la trascendencia de esta feria, porque Le Clézio es una de las figuras más reconocidas de la literatura contemporánea.
Ojalá que en esta nueva versión, como acontece año tras año, se corrijan detalles y cuestiones organizativas que la hagan más dinámica y ágil.
Deseamos que la feria sirva al propósito de fomentar el hábito de la lectura en nuestros niños y jóvenes, que los incite a descubrir que cada libro es una puerta que se abre a la imaginación, a la aventura, al descubrimiento de nuevos saberes y que fomenta el diálogo creativo entre culturas, que es la mejor manera de edificar un futuro de paz y de progreso.
