El Estado y la niñez desamparada (2 de 2)

El Estado dominicano, en todo su trayecto, -y se incluyen regímenes fuertes, como el de la férrea dictadura que durante 31 años golpeó al pueblo y que tuvo como tirano al Rafael Leónidas Trujillo Molina- no ha tenido una política en beneficio de la niñez desamparada.
Como lo preciso en la primera entrega, es la misma actitud -también inconsecuente- que por décadas han tenido poderosos millonarios de este país. No han diseñado políticas positivas que favorezcan a los infelices niños acogotados en la más paupérrima miseria.

Pero también resaltar -porque no todo es negativo en el privilegiado segmento económico de la sociedad dominicana- se conocen empresarios que contribuyen a que la situación de los niños indigentes sea menos calamitosa.

¡Esa es la gran excepción que conforman altruistas empresarios privados que hacen esfuerzos para que los niños de la calle no mueran por inanición!

Como lo expuse hace unos años, en un reportaje publicado en este diario, el universo debe dar un giro -y que sea pronto- de por lo menos 180 grados.

Que ese cambio nos certifique que sus miles de hombres multimillonarios no sean tan avaros; que no los domine la ambición del dinero y abracen la humildad, el humanismo. Que hagan conciencia (plena) de que nada dura para siempre.

Que sepan que ningún miembro de este planeta, por más abultada que sea su riqueza, se irá “al más allá” llevándose en su ataúd -y no importa que esté diseñado con la mejor caoba- todos sus millones de pesos (dólares, libras esterlinas o los euros de la vieja Europa).

Hay que decir y escribir, hasta el cansancio, que nuestro país vive una terrible realidad social-económica, que tiene que ver con el tema que se trata en este artículo.

Es una realidad que se sintetiza en lo siguiente: Niños limpiavidrios de vehículos; sin escolaridad, huérfanos; que todos los días deambulan por calles y avenidas solicitando alguna dádiva para mitigar su hambre. Son esos mismos niños, que si no tienen el indispensable respaldo del Estado, serán los delincuentes del mañana.

Y si al final esos mismos niños de hoy -indigentes, andrajosos, que ni siquiera tienen una educación primaria- pasan a ser los delincuentes “del futuro”, ¿a quién culpamos? La respuesta es sencilla: El Estado dominicano sería el principal culpable.
El Gobierno de Luis Abinader, que busca implementar claras políticas sociales, podría “casarse con la gloria” si logra hacer menos pesada la extrema pobreza que abate a nuestra niñez desamparada.

¡Ojalá suceda!

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