He venido sosteniendo que un partido que se plantea, abierta o solapadamente, llegar al poder vía un probable escenario de balotaje o de segunda vuelta ya definió que no apuesta a ganar sino a naufragar, pues un partido político jamás debe confundir la táctica con la estrategia. Por demás, en nuestro país, prácticamente, no hay tradición o cultura de balotaje -la única vez que se dio fue en 1996 (hace tres décadas)-; más bien la tradición sociocultural es votar por el que se presume o ha instalado en el imaginario colectivo-ciudadano la narrativa-percepción de que va a ganar.
Por ello, el primer error político-estratégico, de cualquier partido político, es fijar, tarde o temprano, que no hará alianza. Al contrario, un partido con arraigada vocación de poder -y el PLD la tiene- jamás fijaría semejante posición o línea estratégica ya que sumar, y más en la oposición, es sinónimo o proyección de fortaleza, pues la victoria política-electoral se construye con “mayoría electoral”.
En política no hay nada tan cierto como lo coyuntural. El “Padre de la Democracia”, Joaquín Balaguer dejó ejemplos imborrables de que el adversario de ayer puede ser el aliado de mañana. Entonces, ¿por qué querer obviar esa máxima con subterfugios baladíes, insultos o rencillas del pasado -lejano o reciente-?
Si ya la oposición, en el ABC político universal, tiene un objetivo supremo: desalojar del poder al partido que lo ostenta. En consecuencia, la lógica política, sin maquillaje ni triunfalismo pendejo, impone no fragmentar la oposición y más bien unificarse en torno a una estrategia o línea opositora sin que eso implique detener los procesos de crecimiento partidario ni mucho menos hablar de un candidato común. Lo trascendente, en la coyuntura, es que la oposición no se fragmente ni se pierda en una línea política fratricida que cierre o imposibilite futuras alianzas, bloques o coaliciones… (sin embargo, pareciera que la lucha por el poder la libran el PLD y la FP -sin estar en el poder-). Y ya eso es mucha ventaja para el PRM (que si está en el poder).
En conclusión, cuando un partido expresa una postura de no alianzas, bajo cualquier excusa o interés particular, en el fondo, se está infligiendo una herida innecesaria, pues toda alianza es coyuntural y la meta para ganar unas elecciones es, precisamente, sumar y nadie suma si ya se fijó que solo puede ganar y más difícil resulta aún si no está en el poder, como sucede con el PLD y la FP, y excluye o repela de posibles aliados oposicionistas, aunque en el pasado reciente fueran adversarios. Ese último evento o dato debe olvidarse, pues el objetivo supremo actual es desalojar al que está vía un bloque político-electoral bajo el consenso de un candidato común con base en un posicionamiento real del partido o la figura-líder que, coyunturalmente, goce de más simpatía y menor tasa de rechazo. Cualquier otra postura, es pura cháchara política o cuento chino para ocultar un determinado interés particular -o sabrá Dios qué-; o peor, la repetición, bajo otras motivaciones, de la repulsa histórica-política de Joaquín Balaguer hacia José Francisco Peña Gómez (para el caso concreto -Balaguer-Peña-Gómez-, racismo o prejuicio étnico-racial). Agreguemos, al cuadro político-electoral actual, el hecho significativo de un árbitro electoral impredecible o de pronósticos reservados… (por ello, cobra toda pertinencia la crítica-edificación y los calificativos de “autoritaria” y “mordaza” del periodista, columnista, escritor y diplomático Aníbal de Castro al referirse a la prohibición de publicación de encuestas -violando la ley- por parte de la JCE).
La oposición, ¡toda!, debería ponerle atención a las resoluciones de la JCE en vez de estarse insultando y saboteandose… (o mejor dicho, fragmentándose).
