Tener en las diferentes universidades del país a 60 mil bachilleres estudiando la carrera de Educación, es más que un indicador auspicioso para el magisterio dominicano, una señal de una futura saturación del mercado.
Si como ha dicho el ministro de Educación, Andrés Navarro, de ese universo estudiantil solo una tercera parte ( unos 20 mil), podrá ser asumida por el sistema educativo nacional, el resultado sería una réplica de lo que sucede en otras carreras, que están graduando profesionales por encima de la demanda. Es el caso de egresados en Medicina de las diferentes universidades. También en Derecho.
Que ahora el superávit de graduados venga desde la carrera Educación es un escenario que proyecta futuras frustraciones para los que después de haber concluido su formación no hallen una plaza para colocarse.
“¿A dónde vamos a colocar a esos 40 mil súper numerarios que con su deseo de desarrollar una profesión no se dan cuenta que jamás podrán entrar a las aulas?, preguntó el martes último el ministro Navarro. El funcionario admitió que de alguna manera el Estado tiene cierta responsabilidad en ese auge por estudiar Educación, por generar grandes expectativas en torno al magisterio.
Con la aplicación desde el año 2013 del equivalente al 4% del PIB al presupuesto de Educación, la situación salarial de los maestros ha mejorado lo suficiente como para motivar el estudio de la carrera magisterial.
Además de salarios adecuados, que incluso superan a los pagados por el sector público en otras profesiones quizás con más “prestigio”, los profesores del sector público cuentan con otras conquistas como plan de retiro, seguro médico y cooperativa, que les aportan ciertos privilegios, en comparación con otros servidores estatales.
Además tienen uno de los gremios más influyentes y poderosos del país. Son características que de alguna manera motivan una vocación extra por estudiar Educación.
El mea culpa del ministro de Educación es válido, y también su exhortación a que los estudiantes repiensen si realmente van a estudiar magisterio.
Pero como el Estado es el que traza las políticas públicas en esa materia, también es pertinente que se haya establecido un nuevo currículo en la formación inicial de docentes y criterios para la admisión. Según la filosofía popular, con tiempo hasta el pasmo tiene remedio.
