Hay un desfase en el análisis político-electoral

Hay un dato, o más bien realidad fáctica, que se le escapa a los estrategas o líderes de partidos, generalmente de la oposición; y también, a ciertos analistas o comentaristas políticos y es este: que el partido que está en el poder es el PRM (no el PLD o la FP). Y en ese descuido o falta de mira, obvian lo que debería ser un eje central de cualquier proyecto de partido o presidencial…

Y esa incongruencia, a nuestro modo de ver, tiene una explicación que pudiera no ser política sino de egos o rencillas pasadas (nada nuevo), lo cual es un factor neto de ganancia para el PRM; y, por vía de consecuencia, una debilidad de la oposición hoy centrada en hacerse, increíblemente, oposición bajo el pretexto-espejismo o subterfugio del crecimiento partidario o atraer o sonsacar dirigentes y miembros del arcoiris político de la misma oposición. Que algún psiquiatra o sociólogo objetivo explique semejante canibalismo político entre siglas de un mismo litoral política-electoral. Porque: ¿quién les ha dicho que, en lógica política y realidad, hay otro partido, que no sea el PRM, a derrotar en 2028?

Cierto que las encuestas, al día de hoy -mañana podría ser otra cosa, muy probablemente-, reflejan un escenario de segunda vuelta, pues tres fuerzas políticas se reparten las simpatías -PRM-PLD-FP-; pero se obvia que las alianzas o bloques de coaliciones han marcado las victorias electorales por más de tres décadas, y creemos que el 2028 no será la excepción. Por ello, insistimos en que, incluso en la coyuntura actual, los últimos eventos de resonancia nacional -primera plana impresos-digitales- y de alteración del tablero político-electoral nacional, tras bambalinas, van dejando entrever tejemanejes sorpresivos y en cascadas que solo un iluso o bobo podría pasar por alto. En otras palabras, ya las alianzas -dizque extemporáneas o no necesarias- o redefinición de fuerzas comienzan a divisarse.

Y es tanto así, que me aventuro a especular, y anótenlo, que el 2028 será un año electoral donde lo insólito o el espíritu de Fouché -ese mismo que el extinto Orlando Martínez conceptualizó en el plano nacional- producirá resultados en primera vuelta; y de paso, reafirmando una superestructura socio-cultural de continuidad histórica. Ojalá ese desenlace sea en línea de ruptura con la degradación política-institucional actual; pero, debo decirlo: ¡tengo mis dudas!

Finalmente, si de verdad se está trabajando, sobre todo la oposición PLD-FP, para un escenario de segunda vuelta o balotaje y, al mismo tiempo, los dos partidos están enfrascados en una lucha fratricida por la hegemonía política-electoral, ¿cómo diablos es que en una segunda vuelta el que quede para el balotaje conseguirá el apoyo del que confrontó visceralmente? Esa estrategia está pendeja o está diseñada para otros fines, pero no para ganar, pues, repetimos, se gana sumando y viendo, como decía Peña-Gómez, “…más allá de la curva”. Lo dejo de tarea; pero que no se olvide que, en política, también el resentimiento y las trapisondas se acumulan.

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