A pesar de los últimos reveses recibidos -Honduras, Bolivia, Costa Rica, Perú; y probablemente, Colombia- hay una ola en nuestro hemisferio de “Izquierdista de derecha”, seudocomunistas, aspirando a presidente -en todo su derecho-, pero el pecado está en que lo quieren hacer desde un discurso redentor que nada tiene que ver con la ética y la moral, pues en su afán de llegar al poder se asocian al narcotráfico, a regímenes totalitarios y cuando no son ellos mismos que, una vez en el poder, hacen corrupción pública y degradan las instituciones democráticas (ya el extinto escritor Vargas Llosa, dejó una radiografía al respecto”: El pez en el agua).
En nuestros país hay dos o tres especímenes de esos -y no estoy hablando de figuras de trayectorias y respetables pro comunismo o socialismo, no- que se han pasado dando brincos, de gobierno en gobierno -morados, blancos, rojos y blancos-azules- por todo el organigrama estatal enarbolando discursos de izquierda o progresistas cuando su praxis política ha sido de derecha y de acumulación de riquezas que no tienen forma de cómo explicarla. Lo bueno es que, en nuestro país, esos farsantes no tienen ni la más remota posibilidad de llegar al poder. Están condenados a ser burócratas -o más bien, asalta nómina -en cualquier gobierno.
En mi opinión, el último progresista-izquierdista respetable y de vocación ética-moral que llegó al poder en nuestro hemisferio fue José -Pepe- Mujica porque su praxis política fue cónsona, ya en el poder, con su prédica, lucha y vida pública. Mujica fue y es un referente cuasi imposible de reeditar.
Y el más payaso de esos “izquierdistas de derecha”, además de Nicolás Maduro, lo es Petro que dice y hace cuantos disparates se les ocurren sin medir consecuencias políticas ni personales; aunque muchas veces cae en el refrán o dicho “Donde dije digo, digo Diego”. Todo un Cantinflas, por supuesto, respetando al genial e insuperable Mario Moreno Cantinflas. Y ha sido tal desastre el gobierno que encabezó que casi se lleva de encuentro las históricas relaciones entre su país y los Estados Unidos.
Cuba y Nicaragua, dos rémoras de regímenes, están agonizando y no tarde, ambos pueblos, serán liberados del jugo de dos dinastías o aberraciones políticas que ya no se sostienen en elecciones libres y libérrimas, pero que tendrán que celebrarlas, pues ya no hay otra forma de legitimidad política-democrática universal sin celebrar procesos eleccionarios con el acompañamiento de una observación electoral internacional que certifique y avale transparencia y equidad democrática .
Entonces, por más que quieran los “izquierdistas de derecha” llegar al poder, la coyuntura internacional no le favorece, pues los estándares de supervisión y observancia electoral internacional son cedazos difíciles de obviar ya en la oposición o en el poder. Además, ya los pueblos saben que no se hace política sin “plata” y quieren saber quién financia a tal o cual aspirante o partido. Porque hoy día, con tantos avances científico-tecnológicos e IA, nada queda oculto. Encima, el poder se ha fragmentado y las zonas de influencias geopolíticas son barreras infranqueables.
