La Iglesia Católica ha sido y es columna vertebral de la nación dominicana desde su fundación.
La Iglesia lideró la conformación de las primeras instancias de educación y enseñanza, las primeras escuelas, la primera universidad; así también, el primer hospital. Bajo el liderazgo de Monseñor Meriño se dio paso a un sistema escolar más cercano a las propuestas normalistas de Hostos.
He afirmado en otras ocasiones que la Iglesia ha sido el eje transversal y fundacional de alrededor de mil instituciones educativas que están bajo la sombrilla de la mística de la educación católica.
Desde instituciones propiamente católicas en función de su naturaleza y propiedad, pasando por escuelas públicas, hasta otros centros ligados a fundaciones e instituciones no gubernamentales, entre otros centros de enseñanza no formal, salas de tarea, centros de alfabetización, escuelas agrarias, de formación popular, cultural y comunitarias, agrícolas, agroforestales, institutos de formación técnico-vocacional, ancianatos, pastoral penitenciaria, órdenes y congregaciones religiosas caritativas, etc., todas las cuales se constituyen en legado viviente de los aportes de la Iglesia a la nación dominicana, que van incluso más allá de los aspectos teológicos y doctrinales de su fe.
Entonces, quisiera preguntar: ¿cómo sería el devenir de la sociedad dominicana sin la participación en roles activos de la Iglesia y de sus instituciones religiosas? ¡La respuesta es obvia!
Por: Monseñor Jesús Castro Marte, Obispo de La Diócesis Nuestra Señora de La Altagracia
