Las asimetrías de guerra en los conflictos

He leído múltiples análisis, estudios e informes sobre las guerras que se libran en Ucrania e Irán y las asimetrías geopolíticas o de guerra en ambos conflictos que, por una parte, me ha facilitado o compartido un exembajador e intelectual; y por supuesto, aquellos análisis que he procurado para captar u obtener una visión, si se quiere, libre sobre los actores, abiertos o solapados, involucrados en ambos escenarios. Y el balance sobre esos análisis, en mayoría, no dejan de estar sesgados o viciados de ideología-propagandas a favor de uno u otro bando. Pocos, desde mi exigua observación o lectura, se apegan a un análisis holístico o desprejuiciado al respecto. En conclusión, en estos conflictos ha prevalecido el axioma histórico-universal de que la primera víctima, en cualquier guerra o conflicto bélico, es la verdad.

De modo que, partiendo de esa realidad metodológica-fáctica, las asimetrías de guerra en ambos conflictos, de una u otra forma, no escapan a esa intención u objetivo para condicionar o manipular una opinión pública global matizada por ese cedazo político-ideológico disfrazado de objetividad periodística, intelectual o académica. Por supuesto, he leído análisis aproximativos de visión holística aceptable y hasta respetable sobre ambos conflictos.

Sin embargo, no hay objetividad científica-metodológica si en la asimetría de guerra sobre ambos conflictos no se hace énfasis en los actores, abiertos o solapados, involucrados en la guerra. Por ejemplo, en el conflicto Israel-USA-Irán no se puede excluir a China y Rusia, pues son piezas asimétricas claves en el conflicto a favor de Irán; e igual se da en el caso Rusia-Ucrania donde USA y Europa apoyan a Ucrania. La diferencia está en que estos últimos actores lo hacen abiertamente; mientras que China y Rusia solapadamente (a excepción de su postura diplomática que es abiertamente pro-Irán). Ese es el primer presupuesto científico-metodológico para analizar ambos conflictos, pero ese balance fáctico-geopolítico se obvia adrede -y no importa el bando que, sutilmente, se quiera defender-.

Por ello, no soy dado a comprar tesis, hipótesis o análisis concluyentes sobre ambos conflictos: sencillamente porque las asimetrías de guerra sobre ambos dejan aristas sueltas y no pocas veces fisuras-narrativas que expresan más deseos o intereses políticos-ideológicos demasiados evidentes sin importar el taparete académico, intelectual o gurú de que se trate; y no digamos de las agencias de prensa o de la guerra de desinformación que se libra en la internet, las redes sociales o lo infinito e insondable que se puede recrear con la última herramienta científica-tecnológica llamada Inteligencia Artificial (donde USA, China y Europa -incluida España, y algunos países desarrollados de Latinoamérica- llevan la voz cantante).

Quizás la cumbre-reunión Trump-Jinping, que se llevó a cabo esta semana, ponga en contexto real una salida aceptable -o ninguna-, al menos para el caso de Irán (aunque, lógicamente, la cumbre servirá a otros temas científicos-tecnológicos, comerciales y de hegemonía geopolítica, compartida si se quiere), sin dejar fuera Rusia-Ucrania-Taiwán sobre la ruta marítima-comercial -estrecho de Ormuz- y lo que sería una peligrosa amenaza global: una arma nuclear en manos de fanáticos-religiosos (que, China y Rusia, lo saben de más). Al respecto, al finalizar su visita a China, el presidente Trump afirmó: “Tenemos una visión similar sobre (cómo) queremos que termine”, refiriéndose a la guerra. “No queremos que posean un arma nuclear”. Creemos que, al menos, ambos líderes saben los riesgos y desafíos en juego. Y eso es mucho.

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