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El pueblo brasileño elector se expresó en las urnas ratificando su deseo de volver a ganar con Lula, quien obtuvo el 48.24% de los votos ganando la primera vuelta de las elecciones presidenciales.

No cabe dudas de que el pueblo brasileño rechaza la imposición del neoliberalismo y el colapso económico-social que a partir del golpe de Estado contra la presidenta Dilma Rousseff negó todo el cambio y avance alcanzado en los gobiernos de Ignacio-Lula-Da Silva, con sólo señalar que supo sacar de la pobreza extrema a más de 40 millones de brasileños.

El Brasil actual, producto del gobierno neoliberal de Jair Bolsonaro, se encuentra entre los doce países más desiguales del mundo (según el BM) y la FAO indica que Brasil ha regresado al “Mapa del Hambre” con más de 60 millones de personas que padecen inseguridad alimentaria. Según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas la inflación alcanzó el 10,06%, siendo la mayor desde 2015, cuando el índice fue del 10,67%.

El nivel de pobreza crece junto con la opresión, la discriminación racial, la mentira, la insolidaridad con las mayorías vulnerables, incluidos los afrodescendientes. Bolsonaro, en su momento trató de mostrarse “pro vida”, un concepto que desconoce, porque no se puede ser pro vida y atentar contra la vida de quienes le adversan.

Esta situación del Brasil actual, explica claramente la esencia de la fuerza político-electoral de Lula Da Silva y la preferencia popular por su candidatura que sin dudas se sustenta en los logros sociales alcanzados por los gobiernos del Partido de los Trabajadores de Brasil y su coalición.

Brasil con Lula también representa un impulso a la integración regional, fortaleciendo los espacios del MERCOSUR, CELAC, UNASUR, escenarios naturales de la integración latinoamericana y caribeña.

Estas elecciones marcan un antes y un después. Lula obtuvo la Victoria de la primera vuelta, con más de 57 millones de votos (sobre 156 millones de votantes), es el mejor puntaje para un candidato en primera vuelta de una elección presidencial en la historia de Brasil. Obtiene más de 25 millones de votos en comparación con los obtenidos por Fernando Haddad en 2018.

Las encuestadoras han quedado en evidencia, una vez más y, naturalmente, el resultado revela un panorama politico más acorde con las dinámicas de polarización, fragmentación y radicalización que atraviesa Brasil, dinámicas que cada vez son más grandes. Gran parte del voto a favor de Lula se concentra en el norte del país, mientras el de Bolsonaro se concentra en el sur y varias ciudades.

La abstención, también histórica, supera el 20% (32 millones de brasileños) en un país donde el voto es obligatorio. Este es un punto relevante a considerar para el 30 del presente mes cuando será la segunda vuelta.

Lula y el PT tienen una plataforma política y social sólida para conquistar esta masa electoral del abstencionismo, a lo que se sumna los desaciertos de Bolsonaro entre los que destaca, por ejemplo, la elección del exjuez, su ministro Sergio Moro al Senado, quien fue el protagonista en meter a Lula en prisión, injustamente, además de romper sus relaciones con Bolsonaro.

En este complejo contexto, frente a un bolsonarismo que, pese a contar con el poderoso apoyo se sectores evangélicos del país y otros desde afuera, en esta campaña han pesado temas morales, de valores y de familia, Lula queda en condiciones de ganar, el próximo 30 de octubre, la segunda vuelta, pero a nuestro modo de ver, gobernaría en condiciones muy difíciles versus el poder mediático, apoyo interno y externo de Bolsonaro obligado a buscar complejas e inciertas alianzas en el Congreso.

Para la siguiente victoria, Lula debe ampliar su radio de alianzas que le permita llegar a la segunda vuelta con mayores posibilidades de triunfo. La ruta está marcada, la suerte está echada.

Lula, el PT y sus aliados, poniendo a funcionar de inmediato y de forma dinámica su fortaleza político-electoral, podrán volver a ganar. Así lo quiere el pueblo elector.

El título de este artículo nos recuerda el golpe de Estado contra Hugo Chávez, en 2012, cuando se retiraba del Palacio de Miraflores llevado por los golpistas a la Isla La Orchila, se despedía de sus compañeros con esta expresión, horas después sus compañeros bolivarianos lo retornaron a Miraflores.

Lula, en esta primera vuelta, aunque obtuvo una ventaja bastante holgada, de acuerdo a la norma electoral de esa nación, lo obliga a ir a una segunda vuelta, por lo que no hay dudas de que eso es por ahora.

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