Mi deseo es que el título que da pie al presente artículo no ocasione incertidumbre y nerviosismo. ¡Qué nadie lo piense!
Porque, aunque es una realidad que la prensa escrita de República Dominicana está en “bambalina”, tambaleante, no creo que todavía le llegue el momento de su desfallecimiento.
Los periódicos de papel seguirán vivos, aunque siempre con “cojera”, pero reconocer que ejecutivos, directores, jefes de redacción y sus propietarios libran una lucha tenaz que les garantice su supervivencia.
Exponer, para darle más fuerza a esta opinión, lo que en realidad ha ocurrido en la prensa escrita de todo el planeta.
Pongo en primer plano lo que se registra en los diarios de Estados Unidos, especialmente The New York Times, Daily News y New York Post.
En uno de mis viajes a Nueva York, al percatarme de la crisis que abate a la prensa escrita de EE.UU., me motivé para escribir un trabajo en el que abordé ese mal momento.
Plasmé esta líneas: “Si nos remontamos a las décadas de los 70, 80 y 90 (¡qué buenos años aquellos de los diarios!), recordamos con la asiduidad que los estadounidenses leían los diarios.
Por ejemplo, en los trenes de Nueva York usted podía ver a la gente leyendo los citados periódicos. Los lectores, mientras esperaban llegar a sus paradas, se enteraban de las últimas noticias acaecidas en todo el orbe”.
En República Dominicana, y es la esperanza que se siente en los medios noticiosos locales, todavía -creo que no me equivoco- no llega el desfallecimiento de la prensa escrita.
No obstante -y remacho sobre este nodal aspecto- la gerencia de los periódicos impresos (sumada a sus directores, jefes de redacción e igualmente los más diligentes periodistas) tienen que triplicar sus esfuerzos con miras a que el país siga disfrutando de la obligada lectura en los diarios de papel.
La prensa escrita no se debe recostar del facilismo y evitar que los redactores acudan, en sus escritos, a la llamada “ley del menor esfuerzo”.
Los periodistas del día a día deben trabajar acorde con los agitados nuevos tiempos. Asimilemos esta advertencia: todavía los diarios digitales no están en capacidad de superar el trabajo que realizan los periódicos impresos.
Como activo miembro del periodismo tradicional, sé que la prensa escrita no será derrotada ni debe llegar al peligroso abismo o colapso.
Que mi optimismo no pase a ser una frustración. Tengo fe de que los diarios impresos seguirán activos…que no sea un sueño. Y que ese mismo sueño no se convierta en una letal pesadilla.
¡Porque sería un acontecimiento traumático que afectaría a toda la prensa nacional!
