Distinguidos lectores de elCaribe, en este tránsito de «Periodismo y Gramática», he tenido la grata retroalimentación de personas que se acercan para hablarme del aporte que se hace desde este espacio.
Hubo alguien que se me acercó para decirme: «Yo colecciono tus artículos, porque uno aprende mucho y a veces los busco para refrescar». Otras personas me han dado las gracias por haber despejado dudas sobre algo que venían aplicando mal en términos gramaticales. Sepan que… ¡valoro esto inmensamente!
Y a propósito de estos intercambios, me reencontré con el exdirector de elCaribe, don Manuel Quiroz, y compartimos sobre estos tópicos que he abordado durante estos años en esta columna. En ese momento, me sugirió que escribiera sobre la figura literaria que se desprende del mundo de la retórica, «la paradiástole».
Admito que ese término me sembró curiosidad, sobre todo, cuando el señor Quiroz me explicaba de qué trataba: una figura literaria que solemos aplicar en determinados momentos de conversaciones que invitan a reflexionar.
Ahora bien, ¿qué nos dicen las Academias sobre «la paradiástole»?, una de las tantas figuras retóricas que se utilizan en el lenguaje para contrastar palabras que tienen significados muy similares, pero, al mismo tiempo, es una técnica que permite resaltar matices y diferencias sutiles entre términos, y enriquece así la expresión y la comunicación.
Con este recurso literario se juega metafóricamente con palabras parecidas, pero con un significado distinto… según el contexto. Pero, ciertamente, la riqueza de la paradiástole consiste en ese juego metafórico que invita a profundizar sobre lo dicho. Veamos estos dos ejemplos: el primero, una frase de Baltasar Gracián y, el segundo, una redondilla atribuida a Miguel de Cervantes, citada originalmente en su obra «La Galatea».
Ejemplo 1:
«No todo alabar es bien decir».
Ejemplo 2:
«El amor es infinito,/ si se funda en ser honesto,/ y aquel que se acaba presto,/ no es amor sino apetito».
Estos dos ejemplos nos muestran que la paradiástole es jugar con el significado de las palabras, invitando a una reflexión más profunda sobre el contenido y la intención del mensaje, aportando un valor adicional al discurso.
En definitiva, la paradiástole es cuando se deja en claro que una cosa no es sinónimo de otra, es decir, se da a entender un concepto por medio de la contraposición entre otros. Ejemplos: «Conocer no es lo mismo que saber», «Oh, invisible y todo lo ves», «Inmutable y que todo lo mudas», «Estás encima de todas las cosas y no altivo»
¡Gracias por leerme!
