Por un nuevo frente patriótico

Aunque las circunstancias y la coyuntura sean diferentes el país demanda un nuevo Frente Patriótico. No ya para cerrarle el paso (una injusticia con visos de prejuicios étnicos-raciales) a una figura como fue la de José Francisco Peña Gómez -el más portentoso líder de masa, el más internacional, en su momento, de nuestros líderes, el de Primero la Gente; quizás, o sin quizás, el más altruista y demócrata popular-, pues el abismo político-institucional en que hemos caído, en estos últimos cinco años, de la mano del actual gobierno nos convoca a cerrar filas y darle un puntapié, de cara al 2028, a tanta degradación política y reinado de la delincuencia organizada entronizada en los poderes públicos.

Porque jamás “partido” alguno se había atrevido a tanto en nuestro historia desde la fundación de la República en 1844, basta saber cómo el Congreso ha sido asaltado, como de puente del narcotráfico hemos pasado a productor-laboratorio, de cómo la deuda pública se ha hecho hipérbole y como ya la frontera es un imaginario sin contención real y efectiva; y más grave aún: por donde se diluye nuestra nacionalidad cuando debió ser la primera muralla para salvaguardar la soberanía y la Patria.

Es una lástima que quien fuera Joaquín Balaguer, trujillista y medularmente Fouché, está superando con creces “la postura” y determinación nacional ante lo inminente: narcopolítica, hiper-corrupción pública-privada, deuda pública cuasi impagable y el narco-estado que se está configurando, si no es que ya.

Entonces, el 2028 no se trata de partidos (!y todos lo saben!), sino de ir construyendo, ahora, el nuevo Frente Patriótico para detener y desalojar del poder la camada de oligarcas, políticos, empresarios y personeros del bajo mundo que quieren sentar el corredor México-Centroamérica en nuestro país (con la excepción de El Salvador, a pesar del cesarismo en ciernes).

Por ello, se impone conformar ese nuevo Frente Patriótico -político-electoral y nacionalista- que ponga freno a este presente oscuro y sombrío que nos acecha y que, en poco tiempo, nos hará ficción-país.

Vayamos poniéndonos de acuerdo, en la divergencia, y avancemos, si queremos tener Patria, hacia un gran acuerdo nacional; y luego decidamos quién o cuál será la cabeza de ese buque insignia que grita el país. ¿O será tan difícil, al menos, intentarlo sin egos, odios y fanatismos? De no, que nadie se queje o se dé golpes en el pecho luego…

En fin, el que quiera oír que oiga, pues mañana tocará el destierro…

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