Los aguaceros registrados en los últimos días han puesto al desnudo de nuevo la amarga realidad que agobia a las principales ciudades, zonas montañosas, cuencas hidrográficas, edificios, calles, carreteras y cañadas, sobre todo en el Gran Santo Domingo, Santiago, Puerto Plata, Barahona y otras provincias del Sur, como en gran parte del Este y Nordeste.
La verdad es que las grandes obras que se levantan en las zonas mencionadas con diseños modernos que a toda vista agradan, por debajo cargan con la dureza de un drenaje débil, por lo general no conectado correctamente a los sistemas principales y otros descuidos que, al final, sus daños se cargan a los gobiernos o autoridades municipales, que pagan por la falta de inspección, regulación y sanción, a quienes lo hacen sin control.
El saneamiento de cañadas con efectos positivos como Arroyo Gurabo, Guajimía, parte de Arroyo Hondo, Las 800 y otras decenas que igualmente deben ser corregidas, para que en los torrenciales el agua fluya, así como el chequeo y limpieza constante de los imbornales.
Precisa es una campaña de educación, con sanciones severas reales a quienes lancen desperdicios en la vía pública o los tiren a los desagües, para no esperar los camiones recolectores, porque la falta de civismo es el mayor problema. El último síndico capitaleño que tuvo un buen intento con una imagen persuasiva fue Rafael Corporán de los Santos.
En las zonas montañosas y ya en las mismas ciudades y pueblos, la depredación es una práctica común que no ven tan grave hasta que vuelve la lluvia que satura los suelos por la fata de capa vegetal y vegetación protectora de los ríos y arroyos, razón de los bajos caudales en la sequía y desbordamientos en los torrenciales.
El presente Gobierno y los del porvenir, deben tomar seriamente este grave problema en su agenda política y de gestión, porque si seguimos destruyendo lo que hay y sembrando nuevas dificultades con tantas obras públicas y particulares sin planeamiento real, pronto no podremos soportar más.
Si lo que hemos visto en los últimos cuatro años y lo que vemos ahora no es sujeto de estudio y pronta corrección, luego sería tarde para arrepentirnos y lamentarlo. Comencemos ahora, aunque sea con la parte educativa y aplicación de las leyes relativas al problema. ¡Menos excusas!
