Roger Scruton (1944-2020), fue un filósofo británico defensor del pensamiento tradicional y figura destacada en el debate público, en defensa del conservadurismo moderno. He preparado un par de Pinceladas de su libro: “Cómo ser conservador”, esta es la primera.
Citando a Robert Conquest, Scruton establece: “Uno es siempre de derechas en los temas que conoce de primera mano”. Para luego afirmar que solo quien ha visto una institución funcionar sabe cuánto cuesta reemplazarla y cuán fácil es arruinarla. De esta forma argumenta a favor de la tradición, y coincide con Burke que “veía a la sociedad como una asociación de los muertos, los vivos y los aún por nacer”. Es decir, recibimos, debemos mantener y mejorar, y luego legar.
Lo primero, según Scruton, es distinguir entre el conservadurismo metafísico, (la defensa de lo sagrado, de la dignidad humana, de la belleza y del deber moral), y el conservadurismo empírico, más pragmático y que reconoce que hemos heredado bienes sociales que pueden desaparecer sin que percibamos el momento exacto de la pérdida.
Entre estos bienes cita, entre otros: la oportunidad de vivir como queremos; la seguridad de una ley imparcial; un medio ambiente protegido del capricho de los poderosos; y, por supuesto, los procedimientos democráticos que permiten cambiar gobernantes sin derribar el edificio común. Acepta que nada de eso está asegurado para siempre, por lo cual la política debe ser un combate permanente contra esta erosión.
El capítulo I, titulado “Mi viaje”, empieza con una confesión: “No es insólito ser conservador. Pero es insólito ser un intelectual conservador”. Y, más adelante, agrega que “las elecciones son una parte menor de la democracia” cuando se las compara “con instituciones duraderas y un espíritu público que obligue a los políticos electos a rendir cuentas”.
De T. S. Eliot toma esta frase puntual: “Tenemos que ser modernos para defender el pasado y creativos para defender la tradición”. Solo se conserva aquello que se recrea.
Y de la tradición cristiana rescata algo esencial para nuestra vida pública: la confesión y el perdón como actos de sacrificio que hicieron posible nuestra civilización. Según Scruton, quien se confiesa renuncia al orgullo, y quien perdona renuncia al rencor.
Este libro es un llamado o recordatorio de que no somos propietarios del mundo que habitamos, sino arrendatarios por breve tiempo. “El conservadurismo, dice el autor, es la filosofía del apego. Tenemos apego a las cosas que amamos, y deseamos protegerlas contra la decadencia”. Y luego concluye: “Pero sabemos que no pueden durar para siempre”.
Para Scruton el conservadurismo no es miedo al cambio, sino amor al hogar. Nos dice: “Los seres humanos, en su condición sedentaria, están motivados por la oikofilia: el amor del oikos, que significa no solo la casa sino las personas que contiene y los asentamientos vecinos que dotan a ese hogar de contornos duraderos y una sonrisa perenne”.
Este libro, “Cómo ser conservador”, vale la pena leerlo en tiempos de tanta prisa. Prisa que nos hace olvidar, tal y como afirma el autor, que: “Las cosas buenas son fácilmente destrozadas, pero no se crean fácilmente”. Y que, según él, tenemos el deber de cuidar, mantener y mejorar esas cosas buenas que hemos heredado.
