RD y Haití comparten una isla, una frontera y múltiples vínculos económicos y sociales, pero siguen siendo Estados soberanos con responsabilidades distintas. Esa realidad exige cooperación para enfrentar problemas comunes, sin convertir la solidaridad dominicana en una obligación ilimitada impuesta desde el exterior. Las potencias que reclaman mayor apertura también deben asumir compromisos concretos, aportar recursos y responder dentro de sus propios territorios. Una política seria hacia Haití necesita coordinación internacional y metas verificables. Defender el interés nacional no significa negar ayuda, sino definir capacidades, límites y prioridades.
