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Es entendible que en momentos de crisis pueda resultar para muchos irritante que algunos servidores públicos tengan salarios muy altos. Sin embargo, es necesario apartar el populismo, tomando en cuenta que menos del 10% de los puestos en el servicio público son posiciones con sueldos elevados, y abordar con realismo el tema de los salarios en el país ponderando varias cuestiones.

Por un lado, no basta con ver sólo los de la administración pública, sino que es necesario comparar datos con salarios del sector privado en cargos de atribuciones parecidas para ajustar disparidades.

Existe una marcada diferencia de responsabilidades entre cargos similares del sector público y el sector privado relacionada con el impacto en la toma de decisiones, pues una medida tomada por un funcionario podría tener repercusiones colectivas, lo que significa que en algunos casos lo sensato es incluso mejorar algunos salarios públicos para superar los de sus homólogos en el área privada y así evitar un flujo que puede ser perjuidicial.

En otro orden, las remuneraciones de los funcionarios públicos deben estar fundamentadas en la importancia y el grado técnico del trabajo que desempeñan y deben ser lo suficientemente adecuadas como para disuadir potenciales deseos de aceptar sobornos o la fuga de buenos cerebros hacia el sector empresarial.

Exigir un recorte de salarios sin un adecuado desglose de las funciones de los puestos puede ser contraproducente. Además, el tema salarial es poco importante si no se abordan beneficios adicionales que incrementan los gastos, tales como viáticos, gastos de representación, entre otros.

La idea de regular lo salarios gubernamentales requiere un estudio más profundo para evitar distorsiones que generen involuciones en oficinas públicas que realizan trabajos técnicos y que han tenido notables progresos (la Dirección General de Aduanas y la Superintendencia de Bancos son dos excelentes muestras).

El argumento de que ciertos funcionarios no deben ganar más que otros puede ser popular pero escapa de la lógica. Hay cargos políticos que no requieren el nivel técnico y de experticio de otros cargos. Un buen ejemplo es la Gobernación del Banco Central, que por tales requisitos debe ser compensado en su justa medida.

También, si el objetivo es ahorrar dinero y mejorar el rendimiento del Estado, más importante que un recorte de ciertos salarios es controlar la hipertrofia estatal y ya se han anunciado recientemente decisiones al respecto.

Si el propósito es realmente corregir un problema, se debe partir de un análisis sosegado y objetivo de la actual estructura salarial.

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