Antonio Gómez Sotolongo
Especial para elCaribe
«El Septeto Nacional murió y nació muchas veces, por él pasaron muchos músicos y cantantes notables».
Esta afirmación la hizo Lázaro Herrera, trompetista de la agrupación, en entrevista con Félix Contreras. El Septeto Nacional, según apunta Sergio Santana Archbold, salió a la calle por primera vez el 27 de enero de 1927 y fue disuelto diez años después.
En 1940, Miguelito Valdés volvió a reunir al Septeto para grabar algunos temas y luego, pasarían 20 años de silencio. No es hasta 1954, a instancias del musicólogo Odilio Urfé, que la agrupación vuelve a la palestra para entrar en los estudios de grabación y hacer radio y televisión. «16 Grandes Éxitos del Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro», es un fonograma que contiene obras que fueron producidas durante esta última época y que se nos presentan ahora por Discos Fuentes, en su Línea Media.
En la obra se incluyen dieciséis piezas imprescindibles para la comprensión del son como algo más que un género musical, algo que se convirtió en un modo de hacer la música y filosofar. Esas dieciséis obras fueron éxitos indiscutibles desde la primera época del Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro.
Piezas como Échale salsita, Suavecito, Guanajo relleno, Bardo, Esas no son cubanas, La cachimba de San Juan, de Piñeiro; Son de la loma, de Matamoros; Trompeta querida, de Lázaro Herrera y otros tantos clásicos nos llegan en este disco increíble en una versión fresca, renovada y con técnicas de grabación más modernas.
Estas dieciséis piezas clásicas en el repertorio popular vienen en el cantar de Carlos Embale, un sonero de voz increíble, de voz perfectamente afinada, de amplio registro, potente, de un timbre arrullador y capaz de improvisar los más inusitados malabares rítmicos con la poesía.
Según nos dice la Wikipedia, «Embale nació en La Habana, en el populoso barrio de Jesús María» y debutó, como muchas estrellas de la época, en La Corte Suprema del Arte, un programa de radio que alcanzó gran popularidad.
La misma fuente afirma que «fue vocalista del Sexteto Boloña y la Orquesta Melodías del 40, conjunto que acompañó también al pintoresco Trespatines». Integró el Conjunto Matamoros y en la década del 70 integró el «legendario Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro».
George Gershwin y échale salsita
En el citado libro, Orovio nos dice que en 1932 el compositor norteamericano George Gershwin visitó La Habana y en una de sus frecuentes visitas a la emisora radial CMQ, donde se presentaba el Septeto Nacional, entabló amistad con Piñeiro y conoció las piezas del repertorio de aquella agrupación, llegando a utilizar como tema principal de su Obertura cubana la melodía del son montuno Échale salsita. Según nos dice la Wikipedia, la obra se tituló en principio Rumba y así se estrenó en agosto de 1932 en el desaparecido Estadio Lewisohn de Nueva York, en un concierto dedicado a obras de Gershwin, pero tres meses después, en otro concierto dirigido por el compositor en la Metropolitan Opera le cambió el nombre a Obertura Cubana, porque así, según el propio Gershwin, se ofrecía una idea más precisa del carácter y la intención de la música.
Bienvenido Granda con el Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro
Ignacio Piñeiro nació en la Habana, Cuba, en el año 1888 y ya en 1906 se le conocía como uno de los músicos más importantes que andaban alegrando las fiestas de entonces. Según Helio Orovio en su Diccionario de la Música Cubana (1992, 356), Ignacio Piñeiro «trabajó desde joven, en los más diversos oficios» y «paralelamente asimilaba los toques y cantos de los cabildos africanos de Pueblo Nuevo», hasta que «en 1906 integró la agrupación de clave y guaguancó Timbre de Oro, como improvisador decimista», después «dirigió el grupo Los Roncos», «en 1926 fue contrabajista del Sexteto Occidente de María Teresa Vera» y «en 1927 fundó el Sexteto Nacional» que poco después se convertiría en Septeto con la entrada del trompetista Lázaro Herrera. Este instrumento sería el que daría finalmente consistencia y permanencia al septeto como formato orquestal para interpretar los sones cubanos, y el que perduraría en el tiempo por su capacidad sonora y de empaste con la guitarra, el tres, las claves el contrabajo, las voces y el bongó.
En 1929, el Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro viajó a España, para representar allí a su país en la Exposición de Sevilla, donde obtuvo la Medalla de Oro y el Diploma de aquel legendario certamen. A partir de entonces la obra musical de la agrupación quedó en lo más profundo del acervo cultural americano.
Bienvenido Granda (Cuba 1915-México 1983) según nos dice Orovio en el mencionado diccionario, «comenzó cantando desde niño los ritmos cubanos y se presentó; entre otras, en las emisoras de radio habaneras CMQ, RHC Cadena Azul, Radio Cadena Suaritos y Radio Progreso». Y según otras fuentes fue conocido en la farándula habanera de la primera mitad del siglo XX con el sobre nombre de «El bigote que canta», alcanzó su fama como vocalista de la Sonora Matancera, una agrupación por la que pasaron estrellas como Alberto Beltrán y Celia Cruz.
Granda fue cultor de todos los géneros y dejó una extensa discografía en la que se pueden encontrar piezas increíbles, pero su especialidad fue el bolero, el que interpretó con un estilo muy propio y un timbre inconfundible.
Según nos dice la Wikipedia «en una de las tantas presentaciones que tuvo Bienvenido Granda con la Sonora Matancera, en la emisora habanera Radio Progreso, los locutores Gustavo Pimentel Medina y Óscar del Río lo bautizaron como “El Bigote que Canta”, por sus abundantes y llamativos bigotes y por la espléndida voz nasal que poseía».
El fonograma «Bienvenido Granda con el Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro», del catálogo Kubaney, en su línea Torre, es un excelente compendio de obras emblemáticas en el repertorio sonero que, según aparece en la cubierta del compacto, fueron grabadas en Cuba durante el año 1936. Contiene también, y como grata sorpresa para el coleccionista, piezas en las que además aparecen las voces de Alfredito Valdez, Marcelino Guerra y Cheo Marquetti. Piezas antológicas en las que Bienvenido une su voz a la de otros grandes. Tiene además este disco increíble un par de piezas en las que Granda es acompañado por el Cuarteto Marcano con la inclusión de la inconfundible trompeta de Lázaro Herrera. Títulos imprescindibles en el repertorio del Son como Calla campanero, A gozar la conga, Carta de amor, Bardo, Desvarío y otros más hasta llegar a catorce, hacen que este disco de colección tenga un incalculable valor.
Estos son motivos más que suficientes como para incluir este fonograma en la colección del más exigente aficionado, es una razón contundente para que todo aquel que se interese por la música popular de nuestro continente, por conocer las raíces de lo que hoy llaman Salsa, se acerque a este disco increíble y lo disfrute, lo estudie en su riqueza rítmica y, por qué no, también lo baile.
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(*) Historiador. Master en investigación musical por la Universidad Internacional de Valencia, España. Miembro Correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio (AHCE). Licenciado en Música por la Universidad de las Artes de Cuba. Contrabajista Principal de la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana.
Correo-e: [email protected].
Esta página es una colaboración especial para este suplemento.
