Ani Mederos

Hay personas a las que primero conocemos por su obra y, después, tenemos el privilegio de descubrirlas por lo que son. Así fue como conocí a Ani Mederos: antes que su voz, llegó su trazo; antes que su presencia, la certeza de que en su creación nada está puesto al azar.

Debo ese encuentro a las conexiones que con generosidad teje Lidia León desde Dos Calles, Espacio Creativo. Al invitar a Freddy Jana a participar en “Carteles en Dos Calles” —proyecto concebido en homenaje a Salomé Ureña de Henríquez, donde tuve el honor de ejercer la curaduría—, fue él quien propuso sumar a Ani. Su pieza evocó a la educadora mediante una figura femenina cuya falda se transforma en libro abierto, síntesis visual de que “Saber es poder”. Educación, conocimiento y emancipación se volvieron, en sus manos, posibilidad de transformación.

Desde entonces he podido acercarme a una creadora para quien el pensamiento no se separa de la vida misma. Todo obedece a un propósito, a una manera de observar, de relacionarse, de asumir sus afectos. Hay en Ani una combinación fascinante de perfeccionismo, lógica y sensibilidad; una exigencia que no nace de la pose, sino de la convicción de que las cosas deben hacerse bien, muy bien. Percibo en ella, además, ese sentido de pertenencia que la hace estar, incondicional, para los suyos.

Este miércoles 2 de septiembre fui testigo de la concreción de ese rigor, al asistir a la presentación de su libro “Juego de Sillas”, donde reflexiona sobre el liderazgo a través de diecinueve personalidades y sillas conceptualizadas por ella misma. El encuentro, celebrado en LMH Collection, convirtió al libro en experiencia espacial —sillas, imágenes y páginas ampliadas dialogando entre sí—, mientras la curaduría editorial de Rab Messina y el prólogo de Cristian Martínez Villanueva acompañan el discurso que da forma a la propuesta.

Lo que más admiro de Ani es que se interese por las decisiones que sostenemos cuando nadie más las ve. De modo que su apropiación de un objeto cotidiano se convierte en diecinueve maneras de asumir un lugar, no para dar respuestas, sino diseñar preguntas que se puedan habitar.

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